martes, 9 de diciembre de 2008

DE QUÉ SIRVE PEDIR PERDÓN.






Mi ciudad, se queda sin putas y se llena de pintadas contra Reganosa, que ha instalado unos depósitos enormes de gas, en la orilla de la ría, inmediaciones del la bonita villa de Mugardos :"Fora Reganosa a ría e nosa". Otros dibujos que invaden la calle, son unas estrellas de cinco puntas; más pintadas contra el Gobierno central y Xunta, contra el Rey; el paro también se lleva una gran porción de paredes y suelos, el ejército y por ahora, no he visto contra los curas que al menos de momento se salvan de la quema.
Mi pregunta es, ¿qué harían esos cuatro pelagatos si el resto de la gente desapareciéramos tal como quieren?. ¿Serían capaces de gobernarse?. Lo dudo. Ya dije en una ocasión que quien los dirige, está en la sombra; tiene miedo al sol, a la luz que todo lo muestra y mientras, sus secuaces, llenan y llenan de mierda la calle en la oscuridad, durante la noche. No conocen, porque no leen, que los periódicos guardan unos espacios para que se exprese, dentro de unas normas, el que quiera. Las normas, que cite su DNI. Estoy seguro de que lo falsificarían, porque no tienen lo que hay que tener, para dar la cara.
Lo que si no me entra -quien me conoce sabe que a la primera me entero-, es que un diputado, al que pagamos, Juan Tardá (en castellano), subido a un palco como tantos guerrilleros, como aquel cojo Mantecas o ese que no quiero nombrar que "dirige" el equipo de futbol de Marsella, alardea entre las masas al igual que un vencedor de cien batallas, una burda imitación a las arengas de Cesar. Despotrica contra la Constitución que somos todos y finaliza con un explendoroso ¡¡muerte al Borbón!!. Que nadie se asuste, cuando le ve las orejas al lobo manifiesta que se refería a Felipe V; pero coño, ¿es que lo quería volver a matar...?. Que no obligue a Garzón a certificar su fallecimiento... Que no lo obligue.
Para arreglarlo, el presidente de la Cámara y sus acólitos lo amparan, que no fué para tanto, un calentón y lo perdonan. Para el calentón, hielo en el culo. Ya está bien. Por menos he pedido perdón y no me han hecho ni puñetero caso. Me han dicho si, pero no.
Escribo y sin buscarlo me vienen a la memoria momentos vividos en un colegio de Ferrol, en el que también pedíamos perdón sin haber cometido falta alguna y eso perdón jamás llegaba.
Era un niño. En segundo o tercero de bachiller, más no. La clase me aburre. Con la punta de una navajita extraigo astillas de la madera, intentando dibujar unas iniciales. El profesor, un ex-sacerdote, grande como un portaviones, se acerca sigilosamente y me brea a palos. Me brea a pesar de que no le he faltado a la Constitución, ni a los Borbones, ni a persona alguna. Luego, cuando me ha mazado bien mazado, me exige que al día siguiente lleve un trozo de cristal para lijar toda la mesa.
Es atardecer en el Ensanche, me separo de los demás compañeros de aventuras para no comprometerlos, cojo del suelo una buena piedra que lanzo con todas mis fuerzas contra el gran cristal de uno de los ventanales del colegio y con paso no muy apurado, me dirijo en medio del caos hacia el Madrid Paris.
Una hora más tarde regreso, del suelo recojo un trozo de cristal que al siguiente día me servirá para lijar los pupitres de toda una mesa, bajo la atenta mirada del sacerdote desertor.
De todo lo dicho, saco en conclusión; que el corpativismo funciona, que el tripartito tiene que funcionar y ahí está Bono que resta importancia a lo sucedido, sin que al cobarde le obliguen a copiar en el encerado, cien veces tal como me hacían, "no lo volvereré hacer"; "no lo volveré hacer"; "no lo volveré hacer"....
Ayer, paseando por la Red, encuentro el siguiente título: "Rapariz, Colegio Academia". Un trabajo que firma Ártabro. Se trata de una novela por entregas. Leo: "Muchas risitas oigo por aquí"- don Manuel, alias Tato, en un aula de unos treinta metros de largo por ocho de ancho.....Ponga la mano y me descargó con fuerza cinco palos con una estaca de madera, de unos 40 cms. de largo, por 5 de ancho, por 3 de grosor. Tenía once años y aquel día era el primero de los que viví durante los cuatro años siguientes.
Sentí algo en mi interior, sentí un gran dolor al recordarlo, por él, por todos; le mandé mi dirección, me escribió. Tengo un compañero más, tengo un amigo más en Santiago.
En el fondo, los parias, repartimos lo que tenemos. Los maltratadores no.
No dejaré jamás de ser paria porque de ellos, son los estanques, los lagos, la luz, la lluvia, la mar, todo lo que supone naturaleza.

sábado, 6 de diciembre de 2008

LA LUZ DE AYER TARDE.






Ayer, a media tarde, se abrió el cielo y de él, surgieron millones de colores que lo inundaron todo, y yo en medio de todo aquello. En el centro de esa maravilla, un punto muy brillante, el Olympo y alli, todos los dioses que me sonreían. Ayer tarde, el firmamento, se abrió y mostró sus maravillas, sólo a mi. ( Cladiceo. Versículo 41, Opus 11).
Qué hermosa es la claridad, al salir de una mina, al salir del cine en horario de tarde cuando el profesores pasaban lista a los asistentes a la clase de latin; la aurora, el despertar..., lo que se necesita es mirarla sin entornar los ojos. Que envidia me dió Cladiceo cuando leí en su Versículo que la había visto...
Me conformo con pensar que puedo distinguir bastante bien matices, gamas y colores, algo que no es fácil de enseñar al ojo y requiere de horas y horas de estudio y contemplación. Más, esa explosión de colores de que se habla, la he visto también en muchas ocasiones, - no niego haber estado también en medio de la oscuridad-. Esa sensación tan hermosa es cuando la felicidad te inunda, no importa el motivo: un regalo que ansiabas, un amanecer azul que necesitabas o mismo, que la muerte vaya perdonando a aquellas personas mayores que conoces y quieres. No a ti Manuel, mi amigo de Esmelle que un mal viento te llevó un día, abusando de tu inmensa bondad.
Sigo siendo feliz y es por ello, que pretendo, lo sean quienes están cerca de mi, pendientes de mi, tal como yo estoy pendiente de ellos y los llevo en mi recuerdo. A los cercanos, los miro sin que lo noten mientras pienso la gran cantidad de felicidad no merecida que me han dado , me dan y la suerte que tengo. A los lejanos los siento a través del correo; bendito correo electrónico.
Hay en casa un cuadro que pinté hace muchos años. En él, una viejecita se lleva una cuchara de caldo a la boca y en la otra mano, la cunca. Mira al expectador feliz. Esa mujer la conocí en Vigo, era muy buena modelo. El lienzo se encuentra al fondo del pasillo y como por lo regular soy el primero que desfilo para la "piltra", muchas veces quedo mirándola y recuerdo lo mucho que hablábamos. Tenía la paciencia de un santo para permanecer quieta en la posición que se le decía. Yo, intentaba apurar para no cansarla. Me contaba los horrible que pasó la guerra; la explosión de una bomba en las cercanías de donde se encontraba que la deslumbró -me decía que había visto un fogonazo con miles de colores en medio de un amanecer-, como el que yo vi ayer tarde, lo malo de todo ello es que desde entonces no podía mirar fijamente ni a una bombilla de 40 watios, No sé, quizás si le cuadrara ver la gran explosión muda de colores de ayer por la tarde me llegó, le hubiera pasado, se curaría aunque, ya hace tiempo que de Ana, ya no se nada. La quería, vaya si la quería, como quiero a todos mis viejos.
La luz, la gran luz que se abre y tanta y tanta gente que no es capaz de verla.
En el Instituto, un grupo de amigos, no de compañeros; todos los días, a las cuatro y media de la tarde, hora en que pasaba el tren, cruzábamos el tunel que desemboca en La Malata y lo hacíamos desde las inmediaciónes de la Estación de autobuses, era bastante oscuro en el tramo central más, como las traviesas están equidistantes, se memoriza la longitud del paso, se cruza bien, era muy fácil. Un día hicimos antorchas con la cubiertas de las bicicletas que algo iluminaban. Al terminar el recorrido, la cara; la ropa; las manos estaban llenas de salpicaduras negras que no salían ni con petróleo. No recuerdo qué historia fantástica, porque tuvo que ser fantástica, conté a mi madre. Siempre digo a mi madre, es que era la que nos dirigía pues mi padre se hallaba siempre navegando. Eso era lo que me salvaba.
Por eso, cuando leo el Versículo del monje Cladiceo, visionario, virgen y mártir, explicando la intensa emoción que sintió en medio de tanta luz, me da que no pudo ser tan luminosa como la que me penetró ayer por la tarde. Me da y no quiero mentir, pero tengo metido en la cabeza - ya sabeis que mi cerebro anda suelto por culpa de los caballos- pero como digo, tengo metido metido en la cabeza de que toqué el cielo, un cielo que me aconsejó que debo de serguir con los pies en la tierra, mientras pasa la vida. Vida.

viernes, 5 de diciembre de 2008

PIDO INSISTEMENTE, PERDÓN.






En el otoño de la vida que transcurre, qué poco duran las cosas buenas, que poco las horas del día y una carta del soldado muerto que deja una sensación de olvido, de otoñal olvido, de tiempo pasado ya marchito, ido.
En el otoño de la vida recuerdos y un aplauso, para ese viejo que ocultando la cabeza bajo un paraguas semi abierto, lucha como puede contra la tempestad a base de giros e inclinaciones, dependiendo de la cantidad de vela que enseñe al viento. Pienso, por qué no luchará a pecho abierto, como yo hago, sin importarme las consecuencias; si unicamente es lluvia, claro que, reconozco que hay otras luchas más duras que pruebo y salen mal por su dificultad.
Lo he pensado muchas veces, ¿por qué se complicará tanto la vida cuando más avanzamos en ella y en años?. Juventud, divino tesoro....que soñaba Rubén Darío. y lo bueno, es que lo decía ya mayor. No me extraña, también lo pienso, Recordando mi juventud y no tan juventud que han sido divinos tesoros en cuanto a un sin fin de vivencias, de vida, si, de vida. Algo he olvidadado, otras las llevo presentes y es lo que cuento y las más, quietas bajo llaves, mil llaves que cierran mi memoria. Eso si que no sale. Sólo a mi me pertenece.
Hace tiempo, mucho tiempo, pensaba que cuando llegara a viejo, la cabeza dejaría de funcionarme y con ella, el resto del cuerpo, limitándose como persona a permanecer en esa situación, a llevar una vida vegetativa y contemplativa, Lo digo por los viejos que siempre veía, sentados en la orilla del jardín del Asilo de mi Ciudad, tomar el sol mientras la Luísa, mujer maniática, les iba espurgando la cabeza capturando de vez en cuando un piojo imaginario -apenas tenían pelo-, que mataba entre la uña del puñgar y del índice. Me doy cuenta, perfecta cuenta de que siempre escribo viejo y no viejecito. Viejecito me suena a palabra de monja cuando habla de las personas que tiene a su cargo,que creo son suyas, porque siempre los han manipulado a su imágen y semejanza, por eso, los pobres, pasan el duro invierno durmiendo entre cartones y pequeñas tiendas de campaña, antes de acudir a ese lugar de orden y de oración permanente, dando continuamente gracias por una sopa que han recibido. La sopa se da, sin más, sin exigir nada a cambio. Todavía quedan viejos, quedamos viejos en libertad, meteros la sopa por donde os quepa si con ella queréis cambiar formas de vida o cerebros.
En la calle de los Muertos, cerca de asilo, había un pequeño bar. En invierno, frío como los témpanos, en verano caluroso como un horno y en donde, en sus ratos libres, cuatro viejecitos jugaban al dominó a una velocidad endiablada ¡qué cabezas!. Siempre, todos los días eran los mismos. Caminar, les costaba. De cerebro....fantásticos.Un día no aparecieron,luego me enteré de que uno había muerto y el otro enfermo a causa de una intoixicación por meter en la boca unas bolitas rojas que crecían en el jardín y que estuvo a punto de dar las boqueadas. Boqueadas que daré yo, que a la larga daremos todos cuando se vaya acercando la guadaña. No me importa, es la continuación de la vida y la vida, ya me cansa, en ocasiones me aburre y en las más, me lastima. Y los cuatro viejos que jugan al dominó como los ángeles: - dos doble-; -paso- y golpeaba reiteradamente la ficha contra el mármol; -cuatro dos-;-dos pito y golpeaba la ficha con saña-....- cierro -
.....pago doce y tu?.... veinte.....¿veinte? a ver......cuarenta y dos. Las risas entonces se escuchan en toda la calle.
Los cuatro viejos que me abandonaron sin permitirme ver su última partida....
Sucedía en los otoños,en la caída de las hojas en los colegios. Consistía en arrancar sin que se enterasen, las hojas en blanco de los blocks y libretas de los compañeros/as -me agobia el tener que escribir os/as-, siempre me refiero a los los géneros. Pues bien, luego, con esas hojas e blanco se hacían aviones, un concurso y el que llegase más lejos..... premio para la señora, premio para el caballero....
En el otoño nuestro, mío porque el actual lo siento como mío, me gustaría compartir parte de unos cuantos días que ya me van quedando, conversando y riendo, sobre todo oyendo las risas limpias de mis amigas/os, casi de continuo sin que nadie quedase fuera de la rueda. Sería mi forma de vivir mientras la pavesa se apaga, sin darme apenas cuenta, aunque fuese sin jugar al dominó, porque no sé, esperando que allá en donde estén, con todo el tiempo del mundo, mis viejos del asilo de la calle de los Muertos, me enseñen en libertad.
Me queda aún aprender tanto y tanto. Lo haré cuando desocupe el corazón de tantas cosas buenas que en él tengo y que me han ido dando, aunque queda poco, mis principales vivencias siguen cabiendo. Porque el corazón estira, se vuelve cristal.
El otoño que nos lleva, abrazado por el viento, enamorado de la lluvia.
Y los ojos que no se me cierran, ante tanta belleza.
Y sigo pidiendo perdón, por tantas flores blancas cortadas.....

jueves, 4 de diciembre de 2008

YA PUEDO VIAJAR....







Ahora, sin animales irracionales-racionales que cuidar, de no tener que estar pendiente de ellos porque no me gustaba dejárselos a nadie, ni tan siquiera al veterinario, porque no debe ser grato ni para un perro, que le abandonen aunque sea por unas horas. Sin niños alrededor porque también han volado hace tiempo; me está entrando el gusanillo de viajar. No grandes viajes, no es necesario, tampoco conozco toda la Península, pero si, poder acercarme a Madrid u otro lugar para encontrarme con el circo, Circo del Sol por ejemplo, que nunca vi. Debe ser algo grandioso. Ignoro si autorizan hacer fotos- no necesito flash-, si un buen teleobjetivo y la luz a montones debajo de la lona porque todo es claridad producida por cantidad de focos blancos, amarillos, rojos, verdes, violetas que lo inundan todo. ¡Ah, el circo!. Ahora podré hacerlo. Toco madera.
Cuando niño, mis padres o en ocasiones mis abuelos -mi gran abuelo-, nos llevaban a los cuatro hermanos. Más tarde, con ocho o nueve años, ya mayor, iba con mis amigos porque se podía caminar libremente por cualquier lugar -cuidado que no nombré a Franco -, digo, que se caminaba en libertad. Más tarde supe que no, pero eso, es otro cantar.
La entrada la ahorrábamos porque en algunos lugares, bajo la lona, era posible "colarse" con nuestra extrama delgadez o, nos uníamos cabizbajos a la prole de una familia numerosa que entraba. Lo ahorrado, en chucherías; aún no fumaba.
Hecho en falta la emoción que me causaba el verlos en lo alto del trapecio, como monos en la selva; el payaso de Astorga, que pone acento francés para que el personal lo crea más competente. La taquillera, demasiado pintada para mi gusto de niño.
Vivía entonces en la Puerta de Canido y recuerdo, que a la llegada de un circo, alguien corría la voz de que llevando unos cuantos gatos muertos, te permitían entrar a la función gratis. Los jóvenes y no tan jóvenes, provistos de arcos hechos con varillas de paraguas, recorrían campos y portales a la caza del felino. De vez en vez, alguna mujer, con las manos arrugando el mandil, buscaba temerosa a su "michiiiiiñiño, michiiiiiiiño, michiiiiiiiiño, bissssss, bisssss, bisssss, bissssss", que en un saco iba camino de la Plaza de España porque los circos, se instalaban en esa Plaza.
Surgió también algo que tuvo bastante éxito. Se decía, que llevando diez quilos de papel al circo, te daban una entrada. Alguien curioso preguntaba,- por qué un circo necesita tanto papel?-, la respuesta era bien sencilla, - para limpiarle el trasero al elefante...-. Sin comentarios.
Conocí a Pinito de Oro en Las Palmas. Me gustaba y admiraba sus ejercicios en el trapecio, con la cabeza en la madera y los pies a lo alto. Regentaba una especie de pub de copas y como íbamos de recorrido, nos la tropezamos. Me dió un beso y una foto firmada y dedicada, que regalé a un forofo.Eran mis veintipocos años, la edad de la admiración, de la imaginación, de la vida. Queríamos respirar todo el aire o quedarnos cuando niños sin respiración cuando la Pinito se balanceaba en las alturas. Un gran silencio, duradero, sicero y al final, la gran traca de aplausos.
Conocí a los hermanos Tonetti. Los acompañábamos cuando pasaban por Canido hacia la playa de Copacabana, deseando nos repitiesen parte de aquella función que tanto nos hacía reir. No sucedió nunca, pero al menos hablábamos y reíamos viéndolos.
El circo y en una ocasión que recuerde, una plaza de toros situada en las inmediaciones de la Pysbe me abrieron los ojos. Más tarde, poco más tarde el teatrillo Argentino en el Cantón y no dejo de abrirlos más día a día. Todo me admira.
El resto, fué obra de la vida. Vida.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

¿ A DÓNDE IRÁN.....?







¿ A dónde volará el alma de los canarios cuándo nos dejan su casa vacía?
Conozco parte del ideario de una religión que niega los animales tienen alma; puedo asegurar que si la tienen porque he vivido entre ellos; por contra, todas las gentes, las llamadas personas, digo bien, las llamadas personas, ya sean árabes, cristianos, adoradores de cangrejos, los que tienen su díos en forma de persiana, no importa el número de crímenes cometidos o que jamás hayan mirado a lo alto pidiendo perdón, esos sí tienen alma. No lo entiendo ni quiero entenderlo.
Ayer, mi pajarillo - hay que tener mucho cuidado con la palabra- se fué al Maberhala. Digo que hay que tener cuidado porque si digo que ayer me murió el pájaro, las risas las puedo oir en este amanecer de truenos y rayos locos. Digo que se marchó su alma al Maberhala, un lugar en la India en donde no hay oscuridad, en donde las semillas nacen en todas partes; todo inundado de rocío fresco para que beban y no estén todo el día con el ambar de los pistilos de las flores. Mi canario, fué fruto de la mezcla un día, de un canario con una jilguera; como en las personas, una blanca con un negro; igual y salió él, tirando al negro, pero cachondo como ellos cuando bailan el mambo. Si señor, muy rumbero. La gente que lo conoció, en principio, decían que era un mirlo enano pero cuando le oían cantar..... ¡Qué maravilla!. Hacía quince años que me lo había regalado un compañero, nunca le pregunté si lo había traído del Sur, porque entonces, sería un cantaor, de los buenos, de los que escuchan silbar y se ponen sacando pecho, como cuando los mexicanos cantan una ranchera a la novia.
En ocasiones, muchas, le abría la puerta porque me dolía verle preso, más él, defensor de su ¿casa?, permanecía en el interior mirándome como idiotizado, sin darse cuenta que el idiota era yo intentanto hacerlo persona. Lo colocaba en el dintel de la puerta y en vez de salir a volar, poco, porque no saben, regresaba a su palo, dentro de su maldita celda.
Llevaba un día un tanto raro, pensé en un cambio de plumaje que les deja mustios. Tuve cuidado que no le diese corriente de aire alguna y hoy cuando le iba a poner agua limpia, el el suelo de la jaula, encogido, quieto, como si durmiese. Lo llamé con miedo pero permaneció en la misma posición ante mi llamada. Lo tomé con cuidado, lo sentí frío, le besé la frente, lo envolví en varias hojas de periódico, le escribí mi último mensaje: "Allá a donde vallas, llámame", lo mismo que mandé poner al perro antes de que lo llevasen a un horno crematorio, a donde iré yo porque no quiero ocupar sitio en este mundo. No, no voy a despotricar, hoy callo.
Pegué todo con una cinta ancha de goma, para por la tarde hacerle un "funeral" merecido en un lugar de Esmelle que adoro. Más trarde introduje la jaula en una bolsa para la basura, la pisotée con rabia, la deformé con los pies y aquí, en esta casa, mientras yo viva, no entra animal alguno - conmigo hay suficiente-; de ahora en adelante, el único irracional voy a ser yo y si hay que ladrar, lo haré y si hay que silvar, lo intentaré al menos, pero se acabó y se acabaron mis penas con esos seres, mis perros fantásticos y mi canario que no quería ser libre. Por mis perros lloré, por éste último para mi racional no llegué a tanto aunque sentí los ojos húmedos, pero como hay que ser macho..... A mi me importa un carajo tener o no tener alma y si quiero tener sentimientos. Puñetero año, y qué mal funcionó.
Pienso, que dentro de lo malo, ahora tendré una ventana con más luz entrante, libre de una jaula con su pie. Es cierto que cuando pintaba, lo primero que salía de la habitación era el dichoso pajarillo a consecuencia del fuerte olor a aceites, resinas, barnices, aguarrás.... A mi tampoco me gustan y si, conozco gente a la que el aguarras, no lo cambiaría por una colonia de Cacharel-París.
Cerraba también la puerta para evitar que el bueno del perro mordiese algún tubo de pintura ya que los hay muy venenosos. Soy un desastre en cuanto a organización. En mi trabajo se admiraban de aquella marabunta de papeles amontonados sobre la mesa que, si no me los tocaban, -no dejaba a la señora Manola que le pasase un trapo ni por debajo de la mesa - conocía de que trataba cada uno de ellos y dónde estaban situados. Pues con los tubos y otros materiales, de igual manera, apenas me dejan espacio para moverme y alejarme del lienzo.
¡Qué grandes amigos he perdido!. Para mi no hay distinción entre compañero y amigo, si lo son, son ambas cosas. Se han ido personas racionales y se me han ido irracionales racionales. Para que se entienda.
Los últimos, llevaban un papelito escrito : "Allá a donde vayas, llámame". Sé que lo harán. La nobleza que me han demostrato, me dice que sí.
Seguiré queriéndolos en la lejanía y si cuadra, acariciaré a alguno por la calle o en el portal, pensando en los míos.
Los hecharé siempre en falta...., como a las gentes, como a los amigos, como a la vida. Vida.

martes, 2 de diciembre de 2008

CUANDO EL GRAJO VUELA BAJO... SI, ESO.






Días del grajo que vuela a ras de suelo encantado de la vida, con las plumas alborotadas. Días de perros los que hemos tenido. De perros a la caza del grajo y el grajo a nuestra caza. Buenos y hermosos temporales en donde el viento auxilió a las bolsas de plástico de los comercios, a ser por unos momentos aviones no pilotados, llegando algunas a alturas considerables, ocupando el lugar de las grandes aves que, agazapadas en tierra, avisaban a los marineros tuviesen en cuenta el sabio refrán de "gaviotas en tierra, marineros a la mierda". Los conductores de autos pasándolas moradas a consecuencia de algún contenedor que, libremente, iba y venía por la calle intentando terminar su vida destrozándose contra algún árbol, tal como suele suceder en otras ocasiones.
Más tarde, parece que calma y dos viejecitos, menudos ellos, caminan con el paraguas cerrado y bien recogido; un paraguas tan grande como ellos. Extienden los brazos al hablar, gesticulan mucho. El más alto, se excita en su perorata y con brazos y manos dibuja grandes círculos imaginarios en el aire. Lo que daría por escucharles....
Al poco unas gotas de lluvia salteadas; ellos continúan metidos en su tema, las gotas que aumentan; el de oscuro abre el paraguas con bastante rapidez, al otro se le hace harto difícil por lo nervioso que se pone, era el de los grandes círculos en el aire, no consigue abrir su paraguas y termina siendo acogido por su compañero bajo el suyo y, sucede algo que me maravilla, no sólo se abriga, si no que echa el brazo sobre el hombro y así continúan su marcha. Un andaluz diría. "gloria bendita". También lo hago mío.
Hablan en la radio, una noticia que me encanta, un niño acaba de ganar un gran premio de fotografía en Etiopía, el tema es "la ceguera". La sensibilidad de un niño etíope que en medio de la más asombrosa miseria sabe mirar por ese ojo tan sabio que es el visor de una cámara. Me da que la cámara era una de usar y tirar. No me extraña, con una Kodak
, la más barata del mercado, me llevé un segundo premio en un concurso checo. Coincidencia de factores luz, velocidad, diafragma. Cuando en la vida hay coincidencias, todo funciona a las mil maravillas. ¿Por qué serán mil, las maravillas?.¿Qué maravillas?. No me aclaro.
Y un niño, que se fija en los problemas de los otros niños, ¡coño!, que me parece magnífica la noticia y bien por el chaval.
No sé si aún hay castañas. Ayer o el domingo, fueron unos buenos días para reunirse un grupo de amigos, por qué no los de los Campus, alrededor de una mesa, al lado de un buen fuego, en una cocina de leña y toda la mesa llena de humeantes castañas entre unas jarras de vino.
Recuerdo, que en una reunión que tuvimos en Ourense, de postre, nos dieron una taza llena de castañas, no se si asadas o cocidas. Intenté pelar una, más desistí porque la piel estaba tan pegada a su contenido que era imposible hacer bien ese trabajo y menos,por lo apurados que estábamos para regresar a las últimas conferencias. Es ahora cuando pienso, en esas castañas que vende el encargado de ese carrito en forma de locomotora, aparcado en la calle Real frente una banca. Esas si que se mondan bien. Por un lado están casi quemadas, para que crujan, por el otro de un cadmio medio amarillo, muy hermoso. A esas me refiero, magníficas para estar a lado de una buena lumbre en la lareira, con viento fuerte, lluvia áun más fuerte y la campana de la pequeña iglesia tañendo sin que persona alguna la haga sonar. Quizás sean las ánimas. Quizás, porque por esa zona hay muchas....
Nunca comprendí ni comprenderé, el por que las ánimas se van a pasear sus penas por las aldeas. Quizá sea debido a que en esos lugares se siembra de todo y tienen comida durante toda la temporada. Unas veces comen patatas nuevas; otras, patatas de invierno; manzanas de san Juan, de san Pedro y hasta creo que hay peras de monseñor, monseñor no se qué. Las ánimas no son tontas, suelen cobrar tributo a todos aquellos que como castigo, tienen que llegar a san Andrés de Teixido. A cambio de algún bien que llevan para el camino, los suben en volandas y los acercan a la carretera inmediaciones de la sierra de la Capelada; pues más allá lo tienen prohibido y no sería razonable encontrarse ante el santo, con buen color y la panza llena, claro que si es en este tiempo, con alegar que fue a base de castañas el alimento, ¿crudas?..., -no hay tal, cocidas que para eso llevamos el caldero-; y el santo generoso, pisa la cabeza del bichejo en pena, poniendo cuidado en no romperle las antenas convirtiéndolo en ánima que engrosará las filas de las que ayudan a llevar en volandas a otros, a cambio de alguna limosna en especie. - ¿Y por qué lo de las antenas?-, - si se pisan las antenas, el ánima nace bizca y estará todo el tiempo dando giros en redondo,como una peonza; no podrá ser portadora de penitentes y al final, desaparecen para siempre-; . -¿Y a dónde van?; - ¡coño!, que nos ha salido preguntón el niño... Nunca lo supe, ni los curas lo saben; hay quien dice que están metidas en esos remolinos que forma el aire y hacen creer a las bolsas de plástico que son aviones por un día-.
Ya os conté que he visto la Santa Compaña, fué en Doniños, inmediaciones del lago. Esos si que están organizados, con luz y todo, hasta sábanas que flotan al viento pero que no rompen la formación; buscan ánimas perdidas, que se desprendieron del resto, escondidas entre las flores o burlándose de la gente por jueguetonas que son. Otras, si que desaparecieron para siempre por curiosas, la curiosidad las mata y debido a ello, las que se asoman a las aguas calmas de los charcos grandes; a los lagos o los ríos, al verse en ese espejo, se convierten en polvo del camino y la gente y las vacas, las ovejas, las cabras, todos, todos los animales domésticos las pisan y se van deshaciendo. A la vaca que al mover el rabo barre ese polvo fuera del sendero, le suele salir un orzuelo del tamaño de una nuez en cada ojo que, necesita a la larga operación dado que el animal, va perdiendo vista y olfato y no sabe comer la hierba.
En fin,esto ha sido lo que me han contado de las ánimas, una tarde de otoño en una lareira mientras comíamos castañas más bien quemadas por un lado y de un amarillo cadmio medio por el otro. Bebíamos un vino bueno y generoso, que aliviaba los dolores y soltaba la lengua.

Y a lo lejos, la campana que continúa sóla y por su cuenta, parece que tocando a muerto.
Animas benditas... dice la abuela Cármen mientras se santigua, no perdiendo de vista la capilla.

lunes, 1 de diciembre de 2008

DONDE ELLOS PESCABAN






Mis vacaciones, mis largas vacaciones en el tiempo han llegado a su fin. Lo bueno de ello es que me las puedo tomar tantas veces como me venga en gana y ahí es en donde me doy cuenta de que nos gusta llevar siempre la contraria. Ahora que puedo tomarlas, voy a clase y cuando iba a clase las tomaba por mi cuenta. Por eso pienso que debo tener el cerebro en el aire, al igual que lo tienen esas gentes que desde que nacen hasta que mueren, se tiran toda la vida a caballo, saltando o al galope; al trote ya menos. Es entonces cuando el cerebro se suelta y se acostumbra rebotando contra las paredes de la corteza craneal y aunque las órdenes las recibe bien, como salta, alguna parte de ellas pierde. Pero eso es otro cantar que intentaré solucionarlo y una forma, es no subir más a mi caballo. Mejor para él.
Comencemos. En el puerto de Ferrol, en sus muelles, recuerdo a diario porque trabajaba en sus inmediaciones, grupos de jubilados que todo su tiempo lo invertían en lanzar un sedal al mar, esperando la captura de algún pez; el caso era aliviar la poca pensión de que disponían.
Un día del señor, apareció vallada toda la zona en que pescaban. Asidos a los barrotes como presos, los viejos con la mirada fija en sus lugares de pesca.
No dudo que el puerto por la mañana, tiene mucho movimiento, grúas que trabajan incansablemente, enormes camiones que llegan y marchan y más. Las tarde que recuerde, no se trabajaba. Creo que jamás salió en la prensa que pescador o pescadora que también iban verano e invierno, se lesionase a causa de un accidente.
Es cierto que a la zona del puerto -muelle, le llamábamos de niños y se le sigue llamando por sus habitantes- la han dejado muy bonita. Quitaron un engendro que estaba situado en terreno de la antigua fábrica de hielo. Engendro en el que constaba en su panel de obra, había costado trece millones y pico de pesetas, hecho de ese material que se emplea para cierre de terrenos, con una pequeña fuente llena de palos y que por agua tenía la que recibía de la lluvia.
Puerto, puerto, que si no llega a ser por los cuatro bares que le dan vida..... Hasta las chicas de "buena vida" van desapareciendo, mientras las casas se queman o caen.
Los jubilados, -yo no porque no me gusta la pesca, soy impaciente-; en un principio se quejaron, luego, apenas en silencio, no se cuantas horas, hasta que sólo les quedó aquel hilillo de voz que no se escuchaba. Hoy ya no se quejan, únicamente miran para sus lugares de pesca.
Ignoro si les han habilitado otros lugares, pero aquellos al lado de las grúas y en las escalerillas frente a la Lonja, cogían buenos calamares.
En el fondo, pensarán que algo se consigue; que sean los únicos lugares que no están esquilmados, un paraíso para los peces, mientras no les caiga una plancha de hierro en la cabeza, de las que descargan los buques.
A veces, y en todos los sentidos, qué puñetera, pero que puñetera es la vida. Vida?.

lunes, 23 de junio de 2008

SÓLO HASTA PRONTO






Me decías quejándote que sólo pensaba en la embarcación, que su vida era la embarcación. Los marinos, tienen dos ilusiones, la casa con la esposa y su barco con la mar. Mira, cuando navegan ansían llegar a su casa y cuando están en ella, echan de menos el barco. Forma parte de sus vidas, forma parte de sus pensamientos. Pero también me tienes contado, de vuestras salidas a pescar, de aquella vez que cogiste un pez raro, de vuestras navegaciones por el río, de muchos momentos vividos a bordo de la embarcación, en el fondo, tu también la querías.
Recuerdo que un mal día marchaste apurada, su corazón de cristal se la había roto. Verás, le dicen de cristal aunque no todos los corazones lo son; aquellos que aman la Vida, que aman a las gentes, a la naturaleza, que lo aman todo. Día a día ese corazón les va aumentando para dar cabida a tanto amor y al final, sus paredes quedan tan finas, y son tan delgadas, que rompen. De ahí proviene su nombre de cristal. Así lo tenía él, no lo dudes.
Lo conocí durante una de las comidas que hicimos en el Pazo de Isabel II. Al instante congeniamos, irradiaba bondad y a mi, la persona que al hablar me mira a los ojos, lo hace con una sonrisa permanente y no eleva el tono de voz, ya me tiene ganado. Hablamos de una y mil cosas, del barco también, de lo bien que se encontraba y de los muchos quilómetros que hacía para ganarle la batalla al colesterol. Me invitó a su barco, para que pudiera hacer fotos desde el río, que aquello es de una gran belleza y se dirigió a ti para que lo confirmases, ¿verdad Mercedes?. Y tu afirmabas mientras hablabas con otras personas. Quería que también fuese a la cucaña en la "fiesta de las Peras", y me lo iba describiendo todo como si sucediese en aquellos instantes. Fuí feliz escuchándolo.
La tarde fué cayendo, poco a poco dejamos recogido el lugar, nos despedimos todos hasta la próxima, próxima que no llegó y bien que lo siento, hubiéramos retomado la conversación en cualquier punto y seguido, pero entonces sería yo quien prohibiría hablar de médicos por el temor exagerado que les tengo. Ni de niño jugaba a ellos.
Una compañera lo dijo. Nadie se había enterado. Cuando lo supe, me quedé sin alma que voló de inmediato a su lado, ganas de gritar, ganas de mandar todo a la mierda porque odio las injusticias vengan de donde vengan, y esto si fué una gran injusticia. Alguien me dijo una vez que los buenos, que son pocos, se van pronto, y es por eso, que la población mundial sigue aumentando cada vez más.
Nos enteramos tarde. He respetado tu silencio y es ahora que en voz baja escribo, teniendo ante mi las fotos de ese día en el Pazo. Sé lo mucho que duele el no tenerlo, más él seguirá estando contigo en todos los momentos del día y de la noche, siempre a tu lado porque era mucho lo que te quería, aunque de vez en vez y de puntillas, en el duro invierno, con temporales, salga de casa y se dirija al muelle, a mirar si responden bien las amarras del barco, para que la mar no se lo lleve.
Siempre estará entre nosotros. La gente buena, nunca se olvida, jamás. Amén.
- Para Mercedes con todo el cariño de que soy capaz-.

martes, 3 de junio de 2008

POR EL CAMINO QUE LLEVA AL PUEBLO




- Buenos días, María, ¿cómo va ese niño?, porque será niño ¿no?.
- Buenos días Gerardo, va bien, dando un poco la lata.... es que no para, contesta María llevando la mano al vientre.
Gerardo camina lentamente, sin prisa alguna porque, como todos los viejos lo hace sin rumbo fijo, en busca de de nuevas construcciones de edificios. Su pensamiento está ahora en ese niño que va a nacer y ya sueña viéndole dar sus primeros pasos, le oirá gritar con sus pequeños pero potentes pulmones y luego, que sea lo que la providencia le tiene asignado.
-¿Falta mucho, María?. María, una mujer a la que el paso del tiempo la hace más bella, responde: - Falta poco, ¿quieres ser el padrino?. Al hombre el corazón le ha comenzado a latir de manera acelerada, como si le persiguieran, la boca y las piernas temblorosas, tanto, que tiene que apoyarse en la pared y mira fijamente al sol que apenas le deslumbra en esas horas tan tempranas.
¿Quieres ser el padrino?, escucha de nuevo. Afirma repetidamente con la cabeza porque las palabras no le vienen, y ella prosigue:- pero ya sabes, si por casualidad mueren los padres, tendrás que hacerte cargo de él. -
Cómo no se va hacer cargo, si lo ha visto crecer día a día, hora a hora. Si sus únicos sueños eran con el lucero que María guardaba en su abultado vientre. Si lo consideraba tanto suyo como de los padres......
Días más tarde, un niño viene al mundo y como no podía ser de otra manera, el bueno de Gerardo espera, espera. No fuma, no le deja el médico ni su conciencia, pero desmenuza en pedacitos una página de una revista ¡Hola! muy antigua, que había sobre una mesita desconchada.
Cuando al fin puede entrar en la habitación, unos lagrimones resbalan por sus viejas mejillas impidiéndole ver al niño y cuando al fin su visión está de nuevo clara, lo que ve en brazos de la madre, es una flor rosa, del color de los recién nacidos, y una incipiente mata de pelo en la cabeza de esa nueva vida.
El cerebro del futuro padrino comienza a funcionar muy apurado; le comprará el traje de cristianar tan hermoso que vió en la tienda de la Herminia, el camión rojo de bomberos, al que le suena la sirena y enciende las luces que tiene Agustín en el escaparate y el patín, también el patín brillante de tres ruedas para que no caiga y una gorrita para el sol, y canicas, y una peonza, y un pequeño bañador para la charca, y una cometa de colores.....
Se ha vestido con sus mejores galas, galas que huelen a húmedo, vive sólo y no es mañoso. Todos visten ropas de fiesta y la campana de la pequeña iglesia, lleva tiempo repicando.
En el templo, alrededor del agua bendita, el sacerdote, muy serio; invita a los presentes a rezar el Credo.
Gerardo inicia la plegaria, Creo en dios padre..... pero no puede continuar, todo a su alrededor gira y gira, se marea. Gerardo no es creyente y sus convicciones están por encima de todo. Sopesa el niño o sus creencias y tira por lo segundo.
El alma y el corazón se le han parado mientras abandona la iglesia.
Por el camino que lleva al pueblo, lágrimas de amargura van sembrando el terreno yermo que pisa.
Por el camino que lleva al pueblo, la desesperación camina a pasos cortos y con la cabeza inclinada.

sábado, 24 de mayo de 2008

CARTA A PRAGA ( DOS )






Mientras hundía mi mano en tu río, buscando parte de esa vida que más tarde entregarás al Elba, y que terminarás en el frío mar del Norte, sentí una presencia trás de mi, me giré, alcé la vista y allí un anciano que me miraba, los ancianos siempre miran, luego me habló algo que no entendí pero cuando marchaba fué dejando escrito en el aire: - "Uno de los dos deseos te lo he concedido"; le pregunté gritando - qué deseo -. Sonrió y no me dijo nada.
Caminé por las calles empedradas mirando a lo alto como me dijo Chus, siempre a lo alto como me dijo Chus, a lo alto como me dijo.... ¡qué razón tiene!. Infinidad de esculturas, cariátides, atlas, atletas; de bronce, de mármol, de piedra que sujetan parece, las alturas de los edificios.
Es primavera, olores, flores, montones de flores por toda Praga y las calles empedradas de unos cantos rodados muy brillantes por el paso de miles y miles de almas. Hasta en el suelo eres bonita. En una ocasión leí esta frase tan bella: "conocerte fué un regalo, un regalo que me dió la vida"; hoy la hago mía y te la digo a ti, bella ciudad por la que tengo que caminar mirando a lo alto, tal como me dijeron para ver esas hermosas torres en las que brillan miles de figuras metalizadas que semejan oro, torres en las que las palomas anidan y a las que suben las gentes y se asoman tras hacer un gran sacrificio de patear cientos de escaleras muy estrechas que tienen su recompensa. He subido y como los demás, también se me escapó un ¡Ohhhhhhhh! de ver tanta hermosura reunida. Pienso que un suspiro ante algo hermoso, equivale a la lectura de un libro, yo Praga, de tantos suspiros que me han salido, me siento como si hubiera leído la gran enciclopedia Británica.
Suelos empedrados que te conducen a un restaurante ubicado en un sótano, y al que se accede bajando un sinfín de escalones entre cabezas disecadas de animales de caza. Abajo música y comida y al final, italianos, franceses, belgas, jamaicanos, turcos, españoles, todos, todos...... terminan la velada cantando "La paloma". La vida que podía ser así de hermosa si no hubiese mandatarios empeñados en gobernar nuestros pensamientos, sin darse cuenta de que somos mayores...
Dirijo mis pasos al puente de Carlos, porque quiero mezclarme con los artistas que allí se ganan la vida, porque necesito estar en medio de la gente y lo magnifico es, que esa gente no tropieza contigo, te respeta y tu la respetas, convivimos todos perfectamente y vamos casi apretados, nos sonreimos si nos rozamos,¡ lo qué vale una sonrisa......¡. ¡ Mira a lo alto!, ¡mira a lo alto! y si, enormes figuras de bronce se alzan en el puente, que te observan y no tienes otra opción que mirarlas porque tienen algo que te atrae, la belleza de sus formas, la belleza y serenidad de sus rostros, la belleza de lo bien hecho.
Hay un momento en que me digo: - Ya está bien por hoy, vámonos para el hotel- y lo hago, pero al rato, cambio de parecer y es ahora cuando dirijo mis pasos a la Sinagoga judía, la más antigua de Europa y muy cercano, un cementerio judío, pequeño, muy pequeño, que se alza sobre el nivel de la calle unos cuantos metros, a causa de los cientos de personas que hay enterradas y que han tenido que colocar unos sobre otros. Pido paz para ellos, pido paz para el puñetero mundo en que tengo que malvivir.
Tengo ganas de helados porque se que a mi espalda, nadie me prohibirá que tome los que me venga en gana. En la plaza de Wenceslao -Wencelas para ellos -los hay muy sabrosos y por dos coronas, unos cincuenta céntimos de euro, te llenan un gran cucurucho. Lo tomo sin alejarme de la heladería porque hoy, me voy a poner las botas. Mientras, contemplo en las inmediaciones el gran museo de Praga al que no pude acceder, no por falta de tiempo, si no que, por vagancia pero si, acudí a una exposición de Alfons Mucha y Dalí.
Continúo mi paseo arriba y abajo con el helado en la mano, miro hacia la distancia y por todos los lugares gente, cantidades de gentes; ni una maldita bocina de auto escuché desde que llegue a Praga, todo es paz, nadie altera esa paz, y la plaza llena de vida en medio de la vida. Pienso : - ¡ Qué suerte tienes, maldito, qué suerte tienes de vivir todo esto ! -.
Me voy para el hotel, a la "Suite nupcial" como le llamamos, en donde se alojan Ricardo Dapra , Nicasio y yo; pero ojo al dato, que decía el otro, cada uno en su cama, son dos habitaciones en un espacio y por si quedan dudas, tres camas; el resto.... como cualquier pareja que se ama.
Me he duchado con vistas a descansar, lo pienso una milésima de segundo y me digo ¡ qué coño !, me visto y salgo de nuevo a la noche. La noche quiero que hoy sea mía y de Praga que ahora me acompaña en mi nuevo recorrido, sin rumbo,¿para qué el rumbo?, es mejor así, como los navegantes, a la ventura.
Juan el Nepomuceno también camina a mi lado e insistentemente, me susurra al oído, que un deseo me ha sido concedido, el otro.... tardará un poco más.
Tengo paciencia, esperaré. Tarareo "Te esperaré", mientras camino plaza Wenceslas abajo, llena de vida. Si,Vida.

viernes, 23 de mayo de 2008

CARTA A PRAGA ( UNA)





Escribo estos recuerdos a bordo del avión que me trae de nuevo a casa. Me habían hablado tanto de ti, que sin pensarlo al llegar, abandoné el hotel en la plaza de Pavlova y me dirigí caminando al centro hasta llegar al puente Carlos o Most Carlos que le dicen. Allí, evitando la gente que se apelotonaba, me acerqué al santo, a Juan el Nepomuceno y como la tradición manda, puse mis manos sobré él, solicitando me conceda los dos deseos que según las tradición otorga. Uno de ellos, volver a Praga y eso que apenas la conocía, pero es que caminando y observando, fué calando tanto en mi, que me enamoró desde un principio y fué tanto, que a los dos días volvía a visitar al santo para recordarle mi petición.
Me voy con angustia porque me gustaría continuar recorriendo tus calles medievas empedradas, remirar de nuevo las tantas y tantas cúpulas y edificios uno a uno de estilo modernista, muy hermosos. Mi compañera Chus, al salir de clase de Arte,mientras caminamos hacia nuestras casas, me hablaba de ti, Praga. Me decía: -Mira siempre arriba, camina y mira siempre arriba- y claro que miraba. Cada vez que un edificio me admiraba, me acordaba de Chus; pero también miré hacia abajo, a sus gentes, me he reído mucho en medio de sus habitantes aunque no nos entendíamos pero, con una mano en su hombro y una sonrisa lo decíamos todo, amén de la palabra que aprendí rapidamente: "Yenque beanie", que es su pronunciación y su significado es "muchas gracias". Ahora que volvemos a casa, miro a través de la ventanilla del pájaro de hierro una gran extensión de cúmulos que semejan tus catedrales y un suspiro prolongado me sale sin querer del alma. Tengo la imágen de tu río el Moldava, a él bajé por un lugar que me señalaron, para hundir mi mano en tus aguas llenas de vida porque quería robarte parte de esa vida que necesito para volver porque en tu ciudad, también hay que mirar para abajo para tu suelo pedregoso muy brillante, para tus pies llenos de colorido sin olvidar tus hermosos templos que llegan al cielo con sus formas góticas o clásicas. Otros en su interior, que no lo esperas, son de un barroco grandioso, en donde las figuras parece que se te vienen encima y te encoges; luego, vas tomando confianza y eres capaz de observar todo el movimiento armonioso que guardan unas con las otras. Hay que mirar para sus gentes, poetas, pintores, pensadores, escritores y músicos que llenan de conciertos las iglesias. Que lo llenan todo.
¡ Cómo te recuerdo y acabo de dejarte !, ¡qué gran novia hubieses sido!, ¡qué gran mujer!, siempre, siempre con la cara limpia y pintada escrupulosamente, sus arterias limpias, tus cristales -preguntarle a África- siempre limpios, tus plazas..., ¡ hay, tus plazas, qué hermosura!.
Antes de acercarme a ti, te sentía como una de tantas ciudades que he conocido. Qué gran equivocación, ¡cómo enamoras así, silenciosa!, pero es tarde, me apena no haberte conocido a mis diecisiete años y pasar a tu lado todas las penurias que pasastes y sufrir contigo, y reir contigo, y vivir contigo, y sufrir de nuevo contigo, y maldecir contigo, y pasear contigo, y dormir contigo y al final, morir a tus pies rendido por tanta belleza.
Llevo el alma contenta y a la vez herida, como casi siempre que me enamoro, siempre que tengo algo que quiero a mi lado, termina separándose, yéndose. Ahora, lo siento, perdóname, soy yo el que marcho, pero antes te he dejado un beso en la mejilla de una aciana que amablemente caminó a mi lado para señalarme el camino a causa de mi cabeza de embotada de tanta hermosura contenida. Esa anciana, esa mujer, te representaba a ti Praga, que me conducías, que me llevabas, que olvidaste tu camino para caminar a mi lado. ¡ Cuánta bondad!.
Te quiero, hermosa Praga, te querré siempre.

BOFETADAS