viernes 27 de enero de 2012

UNA VEZ ESTUVE EN LA CÁRCEL.






Una vez estuve en la cárcel, sólo una vez y es que al día siguiente me sacaron para acudir a un juicio.  Por supuesto que iba esposado. Era inocente que es lo que dicen todos, pero yo, palabra que lo era a pesar de que los jueces pensaran lo contrario y es que tienen la sartén por el mango y el mango, también. En la Sala, apenas me dejaron hablar, ellos por lo visto, lo sabían todo de mi pero yo de ellos no conocía nada.  Ellos si podían hablar y gesticular con ademanes estudiados, contando historias que nada tenían que ver conmigo. Antes, en la cárcel, me habían dicho que uno de los abogados de oficio que me iban asignar, como apenas cobran, les dan una miseria, no pondría interés alguno en mi defensa y más bien, caen a favor de lo que diga el juez para congraciarse.  Una vez estuve en la cárcel porque alguien se cebó conmigo atribuyéndome barbaridades contras las personas, contra las cosas, vamos, que el cojo Mantecas a mi lado era una monja de clausura. Una vez estuve en la carcel, porque cuando me llevaron a declarar la primera vez, hablé y hablé horas y horas mientras el Instructor dormitaba sobre un hombro, tras una copiosa comida; no se enteraba de nada, ni tan siquiera de una especie de babilla que del labio le llegaba a la chaqueta.  Me declaró al despertar, culpable sin más.  Y estuve en la cárcel porque, simplemente no quisieron escucharme, no me consideraron inocente de por lo visto un atraco a una joyería con una escopeta de cañones recortados. El Instructor que dormitaba, al escuchar lo de la escopeta entre suspiro y suspiro, me preguntó donde tenía guardado el cañón. Y estuve en la cárcel, porque las nueve personas que formaban el jurado popular, hicieron caso al enteradillo que hacía el número nueve que era quien los dirigía ya que por lo visto, era empresario del ramo con aires de posible alcaldable.
En medio de la sesión, viendo que todos iban en mi contra, cabreado, lancé un juramento contra el sistema, contra los valores patrios, contra los enchufados y no recuerdo más.  El juez, que por lo visto dormitaba pero menos que el anterior, despertó sobresaltado, con el índice me señaló al tiempo que decía que me aumentasen la pena para que, penara bien. Lo miré con rabia y entre dos guardias salí a la calle esposado.
Lo que más me fastidia, son las esposas.  Que no, que no va por ahí aunque alguna se las trae. Me refiero a esas abrazaderas de acero que el policía te coloca sin miramientos, sin importarle el grosor del brazo. Coloca y cierra aunque el dolor te llegue al alma.  Deberían ser un poco más considerados y al igual que un sastre mide la bocamanga al hacerte un traje, el policía debería mirar el tamño de la muñeca, "grande", "media"," pequeña" o también, "se escapa", que  los hay que sus brazos son huesos. Ante el juez al que le dicen su señoría, me las quitan y no te puedes figurar que alivio. Verás, es como cuando regresas del baile de año viejo al que has llevado unos zapatos de un número menor que el que gastas, para presumir. Que te dan ganas de quitártelos. Así, son las esposas.
En el fondo de la Sala, vagos que no saben en que perder el tiempo y como es entrada libre, se sientan y descansan, unas cuantas mujeres a las que el tren les sale dentro de tres horas, criadas con niños, paseantes, alguna que otra vendedora de lotería y nada más, ¡ah!, se me olvidaba, el periodista de turno, pero sin cámara que están prohibidas, aunque con estas modernas, se hacen verdaderas maravillas.
La sala impone y mucho más cuando una docena de miradas van desnudándote, pasan al interior de tu ropa y allí buscan y rebuscan tus antecedenes, que si iba a misa los domingos y fiestas de guardar, si confesaba y comulgaba por pascua florida, si había pegado a mis hermanos, a cualquier servidor público, a cualquier persona asignada a laboratorios farmacéuticos, a jueces, abogados, fiscales, administrativos, secretarios de empresa, si había robado, hurtado, apropiado de algo o alguien..., si había pegado a los animales. Una vieja del público que pregunta ¿si es bueno con las mujeres?. ¿En que sentido? contesto, pero no recibo contestación porque la mujer se ha caído al suelo. Ha sido un simple desmayo dice un practicante que hay en la Sala, cuando Su Señoría había preguntado previamente por un médico.
También sucede en esos momentos, un resplandor golpea mis ojos. Parece una señal divina o ya comienzo a desvariar, será dios que quiere echarme una mano, que ha escuchado de una santa vez mis plegarias y al considerarme inocente me va acoger entre sus senos;  pero al poco, tal pensamiento se va al traste y es que al mirar hacia la acera de enfrente, una mujer está limpiando los cristales, su ventana ha producido ese efecto de espejo, que nada tiene de divino.  Además, dios en estas cosas no se mete, más bien está pendiente de los banqueros, de más banqueros, los del ladrillo y algún que otro dirigente político.  Paremos aquí.
Cada dos por tres, el señor juez pues así hay que decirle, llama a capítulo a los dos abogados con  voz apenas perceptible. Mi defensor lo escucha y cada vez que sabe que lo mira, no deja de dar cabezazos al suelo, como cuando los soldados saludan a la bandera. Qué pelota me ha tocado.  El secretario, lleva un buen rato partiéndose de risa. Y yo, que no vivo, que no muero, que no comento, que callo y que remedio.
A alguien en la Sala se le ha caído un paraguas y es que tengo buen oído, aunque también pudo ser la pata de palo si alguien la tiene y es que ha sonado muy fuerte. El público y jurado popular se levantan y miran con descaron hacia la salida de la habitación. Su Señoría, suelta un ¡coño! terrible y al poco dice que como vuelva a escuchar un ruído más..., y ahí se queda; parece muy buena persona, veremos lo que pasa conmigo.  Es ahora cuando al fondo de la habitación, un hombre menudo se levanta, en la mano derecha blande un paraguas mientras suelta: Señoría, he sido yo, que se me ha caído el paraguas, no volverá a suceder más. Se lo prometo. Eso espero, dice el benevolente juez.
Me he dado cuenta que hay gente que va a los juicios a reirse, a pasarlo bien, a cabrear a los que dirigen la Sala.  Siempre están pendientes de un ujier cuando lleva un papel en la mano, lo pega en la gran puerta de entrada y dice con voz profunda: Señoras, señores, audiencia pública para a continuación decír que tipos de casos se verán.  La gente escucha con mucha atención, si les interesa se quedan, si tienen que hacer tiempo también porque algunos son muy amenos y si no, vuelven al día siguiente. Los casos que suelen pasar más o menos son del tipo padre que pega a madre, hay más de madre que pega a padre y de madre que pega a hijo aunque dentro de no mucho quedarán igualados, deudas, compromisos no cumplidos, ventas en falso, robos de todo tipo, desfalcos, usurpación de funciones que no hay muchas pero pueden ser las que dan más provecho. El ir por la calle presumiendo de ser por ejemplo el Jefe Territorial para el empleo inmediato en la Europa que Progresa, debe ser la pera lo que ganan. Oiga, si le pago me da un trabajo en la Europa que Progresa.  Faltaría más. Qué me cobraría.  Más o menos un millón. ¿De euros?. Por dios, a dónde va usted, por quién me toma; con que sea en pesetas ya me conformo. Y de qué me puede poner.  No se preocupe, lo puedo poner de todo, de todo.
De igual modo pasearse como el propietario de la Ferrari, de la Campana Rosa, soy dueño de la Rusia de los Zares, de la Galicia de Pondal..., cientos de negocios baratos se pueden hacer. Hace tiempo  me contaron que en Madrid alguien con mucha labia, vendió un tranvía a un maño. Lo que sucedió luego, que cada cual se lo imagine cuando subió al tranvía, echó a todos menos al conductor que lo paseó durante todo el día, Plaza de Castilla a Sol y Sol-Plaza de Castilla. Sin más.
Y con estos recuerdos me estoy yendo de lo mío aunque la verdad, para lo que aquí se escucha, es mejor seguir con mis divagaciones y pensamientos porque a la cárcel, regreso. Vaya si regreso y  es que no habiendo hecho algo punible, que soy un simple trabajador, me sientan en este puñetero banco lleno de firmas, de viva la República, me quedan dos meses, no te acojones que con el tiempo se sale, maría te quiero, viva el 4º del 57; a la espera que estos descerebrados aclaren mi situación y tal como estoy, si me tengo que bajar los pantalones ante el presidente, me los bajo; si me lo pide el representante del jurado popular también y si es el fiscal, cuente con ello de lo cabreadito que todos me tienen. Al defensor..., estás loco, ni de coña.
Una vez leí que en los EEUU, llevaron a un negro a la silla eléctrica. Lo amarraon bien a la silla, le humedecieron todo el cuerpo para un buen contacto, le pusieron en la cabeza un gorrito como el que tiene el Papa y el alcaide, visto que todo estaba en regla, metió el machete.  El negro, a la primera embestida enseñó los dientes y aguantó, a la segunda, dicen que el pelo se le puso rizo y aguantó, a la tercera le salió medio metro de lengua y los ojos le quedaron mirando al cerebro pero aguantó.  El alcaide, debido a ese gran comportamiento y creyendo que era dios quien no quería que fuese ajusticiado, quedó en libertad. Cuando el negro salió a la calle, un autobús de linea lo envió al otro mundo.  Hay quien dice que dios no lo quería más chamuscado, que con el color amarronado que tenia le bastaba.
Un poli se me acerca, prepárate que nos vamos a comer, como si tuviera que llevar cuchillo y cuchara o si cuadra, de etiqueta,como si a continuación nos fuésemos a la ópera. Si tengo la misma vestimenta de hace tres días y no veas como huele.  En un bar cercano, ocupamos una pequeña mesa de madera que a mi pobre juicio, lleva meses sin conocer un trapo. Tengo las muñecas engrilletadas lo que me hace imposible llevar la cuchara a la boca sin que me caiga toda la sopa.  Es guardia se apiada, con una llave abre los grilletes que producen un sonoro clic que obliga a los parroquianos a observarme. El otro guardia me mira fijo, al tiempo que dice, espero que no intentes escapar, si lo haces, te pego un tiro en una pierna. Asiento con la cabeza.
No pasa mucho tiempo en que al fondo del comedor, unas personas están discutiendo, poco a poco levantan la voz, se empujan, se golpean.  Los dos guardias acuden al follón.  No lo pienso, corro a la libertad, bajo a toda velocidad las escaleras del metro y camino al lado de las vías, en busca de una estación que no se abre al público  y en la que  viven los desheredados de la fortuna, banqueros, chulos, carpinteros de ribera, músicos de pueblo, condesas venidas a menos,músicos raperos, músicos punk, músicos hip-hop, gente de la sgae,  reyes destronados, duquesas abandonadas, militares sin graduación y cerca, en primera fila, un general.  Yo, a la espera de que la administración de una santa vez me administre y sea  justa.  Camino sin descanso, hace mucho frío, demasiado frío para la estación en que estamos.  Los trenes pasan rápidos  y ruidosos dibujando en las paredes ventanillas iluminadas y alguna que otra cabeza de los que van dentro. Me da que me he equivocado de dirección, es igual, al final la encontraré.
He llegado  a un lugar oscuro, siniestro por donde campean brujos y brujas, gatos negros, montones de gatos negros;  fantasmas de todo tipo que me miran, mostruos que me obligan a correr sin avanzar, sin moverme del sitio como en los sueños,  los ojos más grandes que vi de una lechuza enorme me miran ansiosos y no muy lejos, en las entrañas de la tierra, una luna llena apagada, muertecina y yo Cáncer, en vez de adorarla, siento un pánico terrible al mirarla. Por una vía muerta del metro, avanza la Santa Compaña que no sé que coño hace por estos lares. Caminan bajo su sábana blanca, llevando en la mano una vela que nunca se agota.
Esto si que ya no lo supero, les grito, que soy gallego, de Ferrol, que una vez los vi por Doniños y que ahora necesito que me saquen a la superficie, es que quiero ver la calle, las calles y las plazas que están sobre nosotros. Que me entreguen a cualquier policía porque nadie se puede imaginar las ganas que tengo de que me ingresen de nuevo en una cárcel con muros altos y puertas de acero para que esta tropa que ahora veo, deje de atormentarme.
Pensándolo bien, se debe estar mucho mejor en chirona.

miércoles 25 de enero de 2012

MALOS HUMOS.






Conozco perfectamente el lugar en que, si no ocurre algo extraordinario, me van a quemar cuando la palme.
La primera acción que hago cada día, es dirigirme a ese edificio y darle unas vueltas. Es una gran casona que permite a las almas desde su interior, tomar su rumbo saliendo por un tubo situado en lo alto del tejado. Muchas veces he perdido mi tiempo, mirando y  dándole vueltas a esa chimenea y hacia ella van mis pensamientos que, necesariamente, no tienen que ser tristes.  Hay gente que camina como si llevase toda su existencia sin vida en el interior y el resto los dejamos a su bola porque el tránsito, como le llaman los elegantes, no tiene por que entristecer a nadie y es que la muerte,-palabras que leí-, es la continuación de la vida.  Tampoco debe ser triste para los que quedan y es que cada día, al amanecer, deben, tienen la obligación de incorporarse a la nueva vida que nace.  Lo suelen anunciar en la primavera las aves, en invierno su frío de escarcha.
A veces, más de las que quisiera, miro a lo alto del edificio, a su chimenea de hierro.  Es casi como las demás  a no ser que, parece de hierro porque algún óxido se le ve.  Unos peldaños de escalera, mediante los que se accede a una especie de mirador.  En los barcos, los marinos le llaman cofa, lugar que en los veleros ocupaba una persona para mirar a la distancia y si tenía suerte, dar la voz de ¡tierra!. Es de suponer que este mirador se usa por si la chimenea queda atascada con tanta carbonilla y meterle un palo para a continuación empujar y  empujar aunque, pensándolo bien, lo que en verdad sale por ahí es humo que marcha a contaminar un poco más el espacio.  Me da igual, creo que a ese artilugio le estoy dando más importancia de la que tiene.
A veces, mentalmente, intento averiguar qué cantidad de humo produce un cuerpo, un cuerpo normal no empecemos a liarla y es que a partir de ahí, se puede conocer el de otros tamaños. Tendría o debe haber una fórmula que no conozco, tampoco la buscaré porque con ella, seguramente son necesarios otros complicados aparatos, ordenadores y como es del todo lógico, en casa no tengo ese tipo de aparatejos, más bien pueden estar en una funeraria, quizás Lalo Porto los tenga.  Le preguntaré y es que estoy interesado en averiguar cuanto humo puede subir al año a lo alto, porque quitando la unidad de quemados, del resto, un montón.
Cuando niño no los quemaban. Saltando a la cuerda, jugando al futbol, a las bolas, al trompo, cantando; al paso de un entierro por la Puerta de Canido callábamos, nos santiguábamos y esperábamos que la caja se alejase de nosotros, para continuar. Contábamos en voz alta el número de coches que acompañaban al muerto aunque quizás,  en un cruce o en un ceda el paso, se habían colado otros autos que no pertenecían a la comitiva y les cogía de paso para seguir camino a Esmelle.  Los ocupantes de estos autos "añadidos", puede que también rezaran una oración al muerto.  No les costaba nada.  Nunca lo pregunté.
Ya mayor, tuve dos compañeros que se dedicaban a ir a ciertas casas a preguntar cual era el estado del enfermo aunque no lo conocieran y de ese modo, cuando moría, esa pareja se colaban en el velatorio para, pasado cierto tiempo, salir con la barriga llena y si cuadrara, tan llenos de coñac que casi a la puerta del difunto, ya comenzaban a cantar el "Asturias patria querida"  himno oficial de esa comunidad.  No se como hará un obispo cantándolo, cuando llega a los versos que dicen: "Tengo que subir al árbol, tengo que coger la flor y dársela a mi morena, que la ponga en el balcón".
A lo que íbamos.  En los velatorios, la recién viuda, agasajaba a los presentes con buenas viandas, mejor vino, el café que no faltara como también debía estar presente el coñac para los hombres, el anís para las mujeres.  En principio se solían rezar uno, dos, tres rosarios, más no, que la gente comenzaba a moverse mucho en el asiento, de ahí viene lo de "culo de mal asiento", a lo mejor no, no sé.  Las oracones se decían con muchas seriedad y dolor; pero amigo, cuando aquello terminaba, en hilera partían para la habitación cercana, la de los manjares y a partir de entonces, los chistes verdes, las risas, la terrible juerga y fastidio para los vecinos que tenían que madrugar.  Alguien toca el culo de una dama y ésta le sonríe.  Animado, también se lo toca a otra que, le estampa una sonora y severa bofetada en todos los morros.  Un silencio tenso, un mujer que no fue para tanto, al fondo una risa suave, otra risa más sonora al lado y al poco, la juerga que continúa mientras el muerto, en otra habitación, solo, en silencio, descansa.
Esa es otra, lo del descanso eterno. A mi, sinceramente, no me vale. Las personas vagas de nacimiento, que sigan en ello una vez la palmen, pero aquellas que siempre han sido activas que hagan lo que se les pongo en gana, al menos en el infierno que dicen los entendidos, se pasa de carallo. Si es así...
Conozco con todo detalle el lugar que me van a llevar cuando deje de respirar, lo que no conozco, son los trámites que siguen, antes de darle fuego a la persona, ni tan siquiera a las kilocalorías que trabaja la caldera, si me queman desnudo tal como llegué al mundo o vestido de mártir con hábito de san Melocías, virgen y mártir o por último, si la caja de madera me acompaña para enviar más humo a lo alto.  Lo deberían de explicar pero me da que son muy suyos, al menos en Ferrol que no te dejan ver el horno, ni el chisporroteo a través de un cristal, no te dejan nada, todo está bajo llave. En Coruña dejan ver algo más y además, una señora de luto, alta como un eucalipto da un cierto toque de seriedad al acto. Esta gente, los que trabajan con los muertos, son muy suyos. Suelen tener una tez descolorida tanto en invierno con el verano, un levedad amarilla les recorre los pómulos y nariz y ya ni te digo nada si se les suma el amarillos de las bombillas.  Todos aquellos que viven de la muerte, los que con ella hacen perpetuos negocios, son de muy pocas palabras, diría y me atrevo, de mínimas palabras; lo que no se es si lo produjo su nacimiento o están obligados a ello. Tampoco me atrevo a preguntarles, porque su rostro, impresiona.  Suelen vestir de negro, la culera y los codos de la chaqueta brillan por lo gastadas que están, quizás, cuando paran de crecer, es cuando se compran el traje y les dura años y años.  Tampoco les he visto caminar con la arrogancia con que camina un banquero que suelen llevar, una cartera de cuero con una chapa que brilla pero que no es de oro ni tan siquiera de plata que no se puede conocer lo que lleva escrito, como esas firmas que les dicen ilegibles.  Los que viven de la muerte, caminan con un folio en la mano, que hasta dudo esté escrito, será para darse aire o quizás lleven escrita en él, una firma ilegible.
Hoy me atreví y entré en ese edificio, luminoso a más no poder, sólo eché en falta al fondo del gran pasillo, un palco con la López-Malde tocando y es que el follón que ahí hay, es tremendo.  Creo y creo bien, que la gente va a los entierros para encontrarse.  El muerto en definitiva, les importa un carajo; el encuentro es lo que prima.  Abrazos, más abrazos; besos entre las mujeres y algún hombre que ha entrado en la rueda, y tus hijos, los dos trabajan están muy crecidos, y que guapa te veo, bah, tonterías, estoy como siempre aunque por dentro lo crea tras el halago.  Se miran se remiran, dónde está la cafetería que el niños está algo mareado del coche y además tiene sed, está allá al fondo no le des nada frío que lo puede descomponer; y el abuelo, ha quedado guardando la huerta y cómo va, se duerme continuamente, entonces no puede vigilar; mujer también duermen los espantapájaros y vigilan. Tienes razón.
La cafetería también muy luminosa y amplia.  En un rincón, cuatro personas que semejan camioneros de largas distancias, quizás portugueses con conducen esos vehículos longos, juegan una partida a las cartas sin pensar en el lugar en que se encuentran y es que sus gritos son terribles por culpa de alguien que tenía el tres de bastos y no lo había echado a tiempo a la mesa.
Delante del edificio unos aprendices de jardines y detrás un aparcamiento al que se accede con un número  clave, clave que todo el mundo conoce por entierros anteriores.
De momento, creo que puedo seguir respirando al tiempo que camino y pienso.  De vez en cuando me giro y miro hacia la chimenea con cofa, por si sale alguna fumarola y de ese modo, intentar al menos calcular el volumen de la persona que queman.  Con el tiempo, hasta se podría conocer si el humo pertenece a una mujer, a un hombre blanco, negro, asiático.  Pero de momento me río, hablo, abrazo algunas veces, dentro  y fuera de la ducha también canto para una urraca, que todos los amaneceres, se posa elegante en la ventana, como si estuviese en La Fenice de frac.
De momento paso de la chimenea olimpicamente y, me quedo con la vida.  Vida.

lunes 2 de enero de 2012

NIÑO QUE HABLA CON DIOS.






Dios, ¿es cierto lo que dicen?,  que ahora estás aquí y cuando quieres, al instante, puedes estar en otro lugar sin gastar ni un dedal de gasolina. Lo veo muy bien pero a veces me da que no te enteras o no te quieres enterar. Supongo que eres demasiado mayor y es que, si tu hijo tiene poco más de dos mil años..., ¿cuántos años tienes tú?. ¿Qué la edad no se dice?.  Ya me lo imaginaba, para lo que os conviene bien que decís: ¡Calla niño, qué estás hablando con un mayor!, pero para otras cosas, calláis como callan las mujeres. Los años se llevan encima porque poco a poco  se nos amontonan sin darnos cuenta,  pero también te digo que se notan y tú no lo puedes ocultar con semejantes barbas y esa melena que envidiarían los más valiente leones del África negra y tus manos huesudas, también te descubren.  Pero bueno, a tu favor, esa mirada serena como la de mi abuelo cuando dormita en el rincón de la habitación que le han asignado, porque el resto de la casa la acaban de fregar. A mi abuelo siempre lo llevan de un lado para otro, como el pobre nunca protesta...
Hablo de tu edad  Dios, por una simple razón,  porque supongo que como el resto del mundo, al hacerte viejo, el oído también se te pierde, ¡no, no!, la oreja sigue ahi pegada y la tienes, lo otro es diferente. Me han dicho que también el cerebro va menguando, se achica porque las ideas marchan y tú, te apuesto la mejor peonza que tengo a que ya estás metido en esa cuesta porque los años, como dice mi vecina, las personas nos hacemos mayores porque "es ley de vida" y a cada momento repite la frase que es ley de vida.  Mi vecina es mayor también, pero dice mi madre, que cuando era joven ya decía lo de la ley de vida.  Seguramente que se le quedó pegada al interior del cerebro.
Dime Dios, que tanto viajas por el universo, ¿tanto te cuesta acercarte más a menudo al planeta Tierra en donde vivo?. ¿Qué lo ves todo?.  Menos lobos Caperucita que seguramente un principio de  cataratas  te debe estar haciendo la puñeta y puede ser motivo de que algunas cosas no las aprecies tal como son.  No te enfades, no te enfades que los viejos siempre estáis refunfuñando.  Verás por que te lo digo:
Si lo puedes todo, ¿cómo has permitido que los Magos esos, que entran y salen de las casas -vete tu a saber lo que se llevan -no me han traído la bicicleta roja de dos ruedas que les pedí?. ¿Tuviste tú algo que ver en ellos porque mi comportamiento no fue del todo bueno?. ¿Qué no?.  Se me hace raro, porque las camisas, los calcetines para ir a la misa, bien que me los trajeron. Y los zapatos de mírame y no me toques que dijo mi abuela, ¿tampoco has tenido nada que ver?. Son unos zapatos de bailarina, no sirven para dar patadas a las piedras, a los calderos y es que como se arañen un poco, los gritos de mi madre se escucharán muy lejos porque dirá que costaron un pastón.  Dios, si yo quiero las cosas sencillas y que nadie me grite por usarlas ya que me pertenecen, santa Rita, santa Rita, lo que se da no se grita.
Todo el mundo se hace viejo, hasta mi hermana María por muchos potingues que se eche a la cara, hasta yo, que con nueve años ya me siento mayor aunque cuando les conviene me manden para mi habitación o para la calle sin no llueve. Sé que has vivido mucho, ¿dime qué edad tienes?. ¿Qué no me lo dices?. Era para ver si largabas sin darte cuenta, presumido.  Pero verás, los libros y la tele lo enseñan todo, entonces, si la Tierra tiene millones de años y tú la has hecho, ¿Cuántos años tienes, listillo?.  Si es fácil descubrir lo que quieres ocultar. Es más fácil coger a un mentiroso que a un cojo, que dice mi madre.  Ya pasas de bisabuelo, de trisabuelo, de cuatriabuelo... Bueno,  no sigo porque de esta forma no se contar.
Mi abuelo que tiene ochenta y pico de años, dicen que ya está acabado, muy acabado. Le tiemblan las manos, un tanto sordo, que le han tenido que poner un aparatito para que de vez en cuando se entere cuando le preguntan, ¿ estás meao ?. ¿También lo tienes tú?.  Como siempre, no sabes, no contestas y que aburrido eres.  Mi abuelo para caminar lo hace apoyándose en el respaldo de una silla y es que los de la Seguridad Social todavía no le llamaron para entregarle un aparato de esos relucientes, ¿tienes enchufe con esa gente?, ¿lo puedes ayudar?. Como hacen los viejos..., dime, ¿escondes el pan para comerlo a escondidas?, ¿te pasas el día pegando cabezadas o soñando en voz alta que todo el mundo se entera?, ¿de verdad que conoces todo lo que sucede a tu alrededor?.  Escucha ahora, mi madre es la que está gritando, ¿no habrás sido tú quien ha puesto perdida la tapa del water?. Te creo, aunque los viejos lo negáis siempre todo y es porque todo os causa temor.  Tú no, que vas de poderoso. Que lo leí. Mi abuelo tampoco fue guerrero, tenía una panadería cerca del Cantón y comprenderás que no iba a batallar con una barra de pan en la mano. Es cierto que trabajó mucho y sacó a la familia adelante; a los nietos, como está chocho, no los conoce y les dice los vecinos. A veces le pregunto como me llamo y él responde que me llamo Paco, un compañero que tuvo en la batalla del Ebro.  Allí, en medio de toda la tropa le concedieron una condecoración por recibir un balazo en el lóbulo de la oreja derecha que en esos momentos limpiaba con un palito.  Fue un tiro limpio, dijo el enfermero, que no afectó a la cavidad abdominal.  Un día cuando yo ya comprendía las cosas, le pregunté por la medalla.  Me dijo, que se la había regalado a una asturiana en un viaje en tren que hicieron juntos.  No se si creerle y es que la oreja, si se la miro cuando él no se entera, la tiene completa.  Si nota que le estás mirando, entonces la oculta con la solapa de la chaqueta.
Dime Dios, ¿tú tienes heridas?. Es de suponer que no porque, como dicen los curas todo lo arreglas. ¿De verdad que lo arreglas todo?.  No te creo.  ¿Te has asomado al planeta que los astronautas ven de color azul, muy hermoso?. ¿ Lo has hecho?, se llama Tierra no muy alejado en tus distancias, de una estrella que se llama Sol. ¿Qué los conoces y que son muy pequeños comparados con la eternidad?. ¡Asómate!. Qué si. ¡Asómate!.
Se llama Irak,  mira como personas sin conciencia disparan sus fusiles, sus tanques contra una población sin más armas que su voz. Mira en China e incluso en los EEUU que personas se permiten quitar la vida de otra sólo porque se sientan en un trono. Escucha, en Corea del Norte no se te ocurra entrar aunque sea de visita, que no sales, palabra que no te dejan salir. ¿Qué es eso que señalas?.  Son cultivos de droga que luego reparten por el mundo haciendo a las gentes y a las familias desgraciadas sin tener culpa alguna los chicos. ¿Qué la quieres probar?, ¿de verdad?. Veré si mi hermano tiene algo en el cajón de la mesilla. Ponlo en la boca, pero antes, córtale la punta con los dientes. Ahora te lo enciendo por el otro lado. ¡Chupa, chupa más!, para que no se te apague. Aspira fuerte y mete el humo en la barriga. ¡Con fuerza, caramba! y luego suéltalo.  Otra vez, otra más, para... para..., tan seguido no, para de una vez que te vas a coger un colocón. ¡Pues claro que te entra la risa y estás muy contento!. ¿Me regalarás la bici?. Ni sabe ni contestar porque se me ha puesto a cantar cosas raras. ¡Qué coñazo!.¿Te entra el sueño?. Lógico. Échate en la cama pero procura no quemar el colchón que mientras, te seguiré contando.  Eso de ahí, lo que te señalo, son los países del norte de Africa que pelean contra los dictadores que los gobiernan, son revueltas continuas como mecanismos de relojería que alguien ha puesto en marcha y en donde las personas mueren a cientos y  a cada tic-tac de reloj caen media docena por hambre, por guerra, por olvido; lo peor de todo, es que hasta permiten que los niños participen, los niños siempre en vanguardia que es en donde primero se reciben los tiros porque los jefes, siempre se quedan detrás, muy alejados del frente porque ellos no pueden ni deben morir. Son los que escapan con las riquezas cuando la cosa se pone mal y dejan al pueblo para que siga exterminándose en medio de una gran hambruna.  Allá, América del Sur y Central donde las mafias y  la droga campean a sus anchas. Todo el mundo tiene armas, la vida que tú has creado, no vale un pito por mucho que le des importancia.  Todo es muerte, cadáveres en la carretera que un perro olfatea pero que al momento escapa con el rabo entre las piernas. Uno de tantos muertos ha quedado mirando al sol sin ser reconocido ni por sus familiares que lo buscan. ¿Es tu justicia?
Eso es tu mundo y no seguiré para que dejes de llorar. Pensaré que las cataratas no te permite ver.  Puede ser una buena disculpa que quedará entre nosotros.
¡Oye -Dios!, ¿no me escuchas ya?. Pobre, se ha quedado dormido.  En el rostro la sonrisa que les queda a los viejos después de una buena comida o unas buenas caladas a un canuto. Es imposible que se entere de todo lo que sucedes en tantos mundos del universo y desdoblarse, tan anciano, seguro que no puede.  A esas edades es del todo imposible, si no, se lo pregunten a mi abuelo que cada vez que intenta ponerse un calcetín, se va de cabeza al parquet.
A quien no he visto ha sido a Jesús que dicen está siempre sentado a su lado.  Dios está mas solo que la una porque a estas edades, como sucede con mi abuelo, nadie le presta atención y menos los hijos que lo conocen bien, por eso les escapan.
Te dejaré seguir durmiendo, no te molestaré más, únicamente quiero que para el próximo año me llegue la bicicleta de una santa vez.  Ya está bien, a este paso, como siga la cosa así, tendré que pedir en vez de la bici una moto para que llegue a tiempo.
Una moto de cualquier color, pero moto. ¡Qué coño!.
Debe ser algo tarde.  Dios...échate un poco para allá, déjame un poco de sitio.  Qué bien hueles y no como mi abuelo que huele a cáscara de pino.  Escucha, vamos hacer un trato. Si de vez en cuando le cojo a mi hermano un canuto y te lo guardo, ¿ te acordarás de que los Reyes me traigan la bicicleta roja ?.  Para ti tiene que ser fácil. ¿Lo harás?. Espero que sí, ahora que ya somos coleguillas. Si todo consiste en llevarse bien, como tu con el Espiritu Santo porque tu Hijo..., vete a saber por donde anda, igualito que mi hermano que sólo aparece a la hora de comer.
Me estoy quedando frito, como si hubiese estado todo el día pedaleando. Buenas noches Dios.
¿ Ya estás roncando ?...


La guerra, mejor en blanco y negro porque de esa manera, dicen los que mandan, no se nota la sangre.

jueves 20 de octubre de 2011

CHICHA UNO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS.


Chicha Uno que estás en los cielos, santificado tu nombre, pero a mi, déjame seguir cayendo en todas las tentaciones posibles e imposibles, líbranos de desesperaciones, amén.
Chicha, Chicha, Chicha, que larga se me está haciendo tu ausencia.
Hemos comenzado un nuevo curso y no te encuentro en lugar alguno con tu pequeño block en el que tomabas algún que otro apunte los días que estabas generosa mientras me enseñabas, que de todo lo que te rodeaba, lo bueno, lo agradable, eran las conversaciones, las risas y una fantástica comprensión entre los que formábamos y continuamos formando, aquel grupo.  Que estudien otros, decías dándole la última calada al cigarrillo.  Que estudien otros que son los que comienzan esta puñetera vida, llena de zancadillas, tristezas y a veces, risas fingidas.  Te escuchaba al tiempo que pensaba, que los años no son las hojas de  calendarios que pasan, son los que uno vive. ¿Cuántos llevamos ya vividos?. Lotes.
Ahora resulta, que te vas en silencio, sin avisar, como no queriendo molestar al personal, como no queriendo dar explicación alguna, sin tan siquiera echarme tu última sonrisa, sonrisa que hablaba a quien quisiera escucharla.  Te has ido en silencio, no como yo pienso irme, a los sones de unos gaiteros de san Antonio de La Cabana  que son los mejores y que antes de aplicarme el  fuego, mejor del invierno, me permitan ver los campos y montes por los que he caminado, siempre acompañado por pensamientos dispares pero que con la música son los que ayudan a dar los pasos.  Creo que esta idea te hubiese gustado, pero bueno, hay momentos en que no da tiempo a recordar, claro que,  si lo llevases anotado en la libretita, hubieses tenido tiempo a contarnos muchas cosas antes de irte, tía prisas.
Siento que se haya quedado en nada lo de ir de discotecas, al "Desgüace" que siempre la nombrábamos entre risas porque descubrimos un día el significado de tal nombre.  - Un día que esté en forma, vamos- me decías- con un guiño burlón.  Alguna vez eras tú la que hablaba de ir al baile y era yo, quien en aquellos momentos no estaba en forma por no decirte que a mi el baile, me importa lo que se dice un pito, pero por tí, sería capaz de aprender unos pasos traperos, que con tal de no pisar todo vale, lo que sucede, es que ese emparejamiento lo veo insulso y ya no te digo el saltar separados imitando a los monos. ¿De niño?, de niño era otro cantar, se bailaba para estar cerca de una mujer, para contarle mentiras por lo bajini, que era cuando comenzaba de verdad la vida , pero hoy, tantos años pasados, lo que me llama es respirar y  poder seguir tirando.
Chicha que estás en los cielos, quiero pedirte perdón.  ¿Recuerdas?, un día que fuimos a Mondoñedo hice fotografías, jugué con ellas y al final, mi mala cabeza te puso en lo alto sobre una peana, como una santa, ¿y por qué no?, santa Chicha que cura las enfermedades del alma, que bien sabido es, son las peores de sanar. No te enfadaste ni cuando un profesor al verla sonrió y dio el beneplácido a aquella nueva divinidad, se que esoy perdonado, lo que  no me pasa que te hayas ido sin decirme al menos "hasta muy pronto", no me hubiese asustando y es que tengo ya mucha prisa por marchar, abandonarlo todo, no pensar y ahora que desde donde estás lo ves todo, sabes que te digo la verdad, ya está bien de vivir pero,  hay que ser muy valiente para hacer lo que otros hacen para  irse al otro barrio de motu propio y sin ayuda, un salto al vacío, un tren, una cuerda y ya está, pero hace tiempo que perdí la valentía y me he pasado al bando de los cobardes, de los que ni se atreven a salir por las noches.  Ya se que es pecado quitarse la vida, también a los niños, hace años, les obligaban a confesarse, ya me dirás, qué pecados podían tener...
Entorno los ojos, me traslado a cualquier clase en la que entra la prensa, mucha prensa.  Algunas preguntas mientras a ti te bombardean los flashes.  Eras la diva, la que daba bien  a la cámara, la elegida de cualquier fotógrafo que llegase.  Yo pensaba que ya estaba bien, es como si estuvien en un zoo fotografiando siempre al mismo conejo.  Reías mientras Pilar se escondía para no salir en la foto, reíamos..., reí tanto en algunas ocasiones que terminaba con dolor de barriga. Siempre regresaban con sus cámaras y un día, ignoro el motivo quizás fue  nuestro cabreo, desaparecieron las cámaras con las golondrinas en invierno.
Chicha Uno, ven a nosotros de vez en cuando porque te recuerdo, recuerdo muchas vivencias que me contabas, lo joven que quedaste sin esposo, lo que tuviste que luchar para sacar la familia adelante, familia que te dio muchas satisfacciones, que es el premio de las luchadoras que incluso sacaba tiempo para acudir al Campus, pero seamos sinceros, te pasaba lo que a mi, que te iba más el cachondeo que lo de tomar apuntes. Es hasta lógico, si con escuchar las palabras del profe, quedaba  todo en el coco. A veces.
Déjame seguir cayendo en todas las tentaciones y no me importa que se entere el que ahora es tu jefe. Has dejado aquí una familia pero en esta vida, hay que pensar también en los que se habían ido mucho antes y ahora, seguro, caminarás,- no sé como se camina en el cielo-, supongo que entre nubes y lo harás al lado de tu esposo.  Os asomaréis a Sillobre en donde fue maestro y al que le concedieron el nombre de una calle.  Hay que ser buena persona para que se acuerden de uno de esa manera.  Mil profesores, jamás tendrán una calle por lo cabrones que eran.  ¿En el cielo se puede decir "cabrones"?.  Bueno, no lo digas por si las moscas, ya ves lo que hizo el otro con Adán y Eva sólo por comerse un trozo de una manzana.  Lo cogerían  cabreado.
Chicha Uno, Chicha Uno que estás en los cielos del brazo de tu esposo, como antes te cogías del mío para contarme cualquier cosa que conocías y yo pensaba mientras aminoraba el paso, "hoy está más cansada que otros días" pero seguíamos desnundando a cualquier vecino, riendo por lo bajo, para que nadie se picase, mientras nos acercábamos a cualquier cafetería que te daba ánimos para encender de décimo noveno pitillo del día y era media tarde.
Siempre me preguntaba  qué apuntes tomabas en aquella  pequeña libreta y un día, lo vi.  Estaba a tu lado en la clase de Eugenio, al poco tomas el bolígrafo y tras mirar un rato al techo en plan concentración, veo como escribes: dos quilos de garbanzos; huevos; harina...  No tomabas apuntes que era lo lógico. Anotabas los productos a comprar y entonces te admiré, te admiré mucho más, porque anteponías tu casa, tu gente, a cualquier otra palabra que sonase en a tu lado. Pudo ser posible que también en alguna ocasión,  estuvieses tomando nota mentalmente de los follones que había y hay por el mundo. Es hasta del todo lógico.
Me decías con pena, que la casa de Cobas se estaba yendo al carajo,-igual no se puede decir carajo-, que no había orden y si un gran desorden, que nadie te ayudaba y un día decidiste  sentarte y parar. Lo que pensé es que estabas muy cansada, que como a todos nos pasa, el cuerpo va cambiando, se camina menos, la desgana llega, de vez en cuando un catarro y entramos en esa espiral a la que llaman vejez  porque lo de la tercera edad, es un cuento chino, pero chino, ahora que están de moda. Si has vivido a tu aire -y me incluyo-, es lo que te llevas, pero si te has dejado la piel a tiras pendiente de unos niños, el cuerpo que no es de goma, a la larga se cobra su tributo y a ti te lo cobró cuando más disfrutabas.
Recuerdo que un día en Cobas, te llamé desde la carretera.  Se asomó tu nieta. Le dije que quería verte.  Preguntó la niña, ¿de parte de quién?-. De su novio, respondí. ¡Ay!, la cara de la nieta,  que se volvió de mil colores mientras caminaba a buscarte. ¿Lo recuerdas?. Lo bueno de todo es que hemos pasado tantos momentos juntos, tanta risas, que mi pobre cabeza tan dada al olvido, lo recuerda perfectamente y ahora, cierro los ojos, dejo de escribir y me voy al molino da Barcia en que tantas veces nos reunimos, al pazo de Isabel II, a Sillobre en donde me enseñaste la placa en una de sus calles, en restaurantes, arriba de Puentedeume cerca, creo que de Monfero.  Siempre acudiste, tomabas parte de la juerga y ahora que todo te iba tan bien y un día, callada en un rincón, tú y tu soledad, cierras suave los ojos, el cuerpo descansa como nunca lo hizo, es todo tan plácido que te abandonas porque nunca lo has sentido.  Al poco, sin proponértelo,  notas que te elevan, que te llevan y no tienes miedo.
Como de las mujeres ignoro la edad, me da que soy el que te sigue en el escalafón.  No sé, a ver si te enteras, si hay línea telefónica entre el cielo y el infierno.  Si es así, de vez en cuando y sin que me vea el diablo te llamaré por conferencia, no mucho tiempo porque a lo mejor es cara y es que abajo, cerca de mi,  están los banqueros y ya se sabe. Me tienes que contar, porque siempre me intrigó, si San Pedro está permanentemente en la puerta o se va dar de vez en cuando una vuelta por el bar, es por si puedo colarme algún día para verte.  No  se lo digas a nadie, y es que no se si puedes guardar este secreto o te obligan a confesarlo, es una gaita todo.
Dios, que tristeza cuando te fuiste por lo inesperado, como cuando te agachas a recoger algo caído y al levantarte te das el gran porrazo con la esquina de la mesa y es que suele suceder porque los viejos ya no calculamos, ni falta que hace.  Dime una cosa, que quede entre nosotros por la confianza que hay, ¿ has visto la luz blanca que dicen?, ¿viajaste a la velocidad de la luz?. ¿Te recibieron serafines tocando trompetas?, a ver si un día te pones, formas una banda de  gaiteros y le enseñas desde arriba  al resto del mundo,  donde está Galicia, sobre todo a los americanos. ¿Todos los santos tienes barba?, ¿le ha crecido a san Sebastián?. Cuéntame, cuéntamelo todo.
No me queda mucho, es lo que vengo diciendo siempre y no la palmo, pero algún día tiene que ser, no me importa cuando, de aquella sí, de aquella, con el permiso de tu marido, al menos bailaremos un vals que eso bordo, y el pasodoble, pero el bolero, como es tan amarrado, como que no está bien, lo dejaremos.
Chicha Uno, Chicha Uno del alma que te echo de menos, hasta incluso noto en falta el tabaco que fumabas que olía a rayos, y las cabezadas que llegando el verano de vez en cuando dabas mientras Manuel un poco más atrás, roncaba feliz en la clase de Seguridad Social.
Si un día, por un casual, nos encontramos en esa inmensidad que dicen las almas flotan, te invitaré a unos cubalibres, cantaremos lo que cuadre a la espera que otros vayan llegando pero sin prisa, que prisa no hay para estos menesteres y si hay que seguir bebiendo para celebrarlo, hasta que caigamos de culo porque me han dicho, que en ese lugar, al día siguiente te levantas sin resaca.  Parece mentira, la resaca no existe.
Y bendita tu seas entre todas las mujeres y  en medio de tanto morador del infinito.
Te recordaré siempre.  No me olvides, llevo mucho tiempo solo y no quiero, lo paso mal.
Chicha Uno, que estás en los cielos, ven a nosotros.  Amén. ¿Nos podemos dar un beso?, ¿qué no?. ¡Cómo se ha puesto el cielo!... Te lo dejo en la fotografía.

miércoles 5 de octubre de 2011

QUE ME QUEDE COMO ESTOY...







Es a una hora muy temprana, cuando escucho una emisora de radio.  Hablan de la revista Interviú que tantas y tantas alegrías nos dio en nuestros años mozos y que al parecer, acaba de salir a la venta con desnudos de la duquesa de Alba.  Dicen que hay en su interior  unos treinta y a mi me parece mucho despelote para una sesión fotográfica, sobre todo porque se trata de una persona ya mayor.  Aclaran que se los hicieron a traición hace unos treinta años.  Amigo, entonces la cosa cambia, en aquel tiempo aún se podía adivinar  lo bien que había estaba formada en sus años mozos y es que con el paso del tiempo, unos retoques que le hicieron en el rostro de muy mala manera y algunas que otras pequeñeces, no la dejaron en muy buenas condiciones.  No la conocí cuando era joven, pero he visto fotos suyas y aseguro que era de una belleza despampanante, vamos, que traía al personal por el camino de la amargura.  A los lacayos también, lo aclaro porque me lo están preguntando.
No pierdo tiempo y salgo de casa caminando tranquilo a la tienda para hacerme con la revista,  Cuando la pido, la mujer me dice que no queda y para más inri que está agotada en todo Ferrol. De vuelta a casa entro en otra tienda por si le queda alguna de esas que guardan como encargos y que luego no aparecen los compradores.  Me dice la vendedora, que desde las siete de la mañana ya había cola para comprarla. ¿Quiénes hacían cola?, le pregunto amable.  Su respuesta me deja seco, me dice sin contemplaciones que es secreto de vendedor y no me lo dirá. Será cuestión de esperar a la segunda edición, pero prometo que no haré cola.
Pienso, que si los niños y los jóvenes no la compran, las niñas tampoco, quienes han acaparado la dichosa publicación han sido las amas de casa y los viejos, los de su quinta, pero me da que de menos edad también, los tristes y aburridos que pueblan los bancos de los parques pendientes de las parejas, que siempre los hubo.
Le digo a la vendedora que me guarde una, que me interesa mucho un artículo que viene en su interior, recuerdos de años pasados cuando los hombres compraban el Interviú y al  mismo tiempo cualquier otro diario  para  en medio de él, guardar y esconder la revista de despelote ibérico..  Me dice que nones, que no me la guarda, que me ponga a la fila como el resto. Y es cierto, ya se ha formado una muy larga de mujeres y viejos.  A uno que pregunto me dice que es para sentarse encima, sólo para eso, que es una revista muy blanda y no lastima los huesos del trasero.  Será puñetero...
María del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fitz-James Stuart y de  Silva Falcó  y  Gusturbay,  debía  ser la puñeta en clase. Cuando el profe  nombraba a una compañera para salir al encerado; siempre se levantaba la Cayetana pensando que la citaban; ahora bien, a la hora de recibir regalos por su santo..., no hay derecho. Cuando la bautizaron, no había tele, pero retransmitieron el bautizo por la radio.  A todas las amas de casa, se les quemó la comida mientras el locutor iba citando uno a uno los nombre de la neófita y es que a cada uno que pronunciaba el obispo, chorrete de agua por la cabeza, no la ahogaron de puro milagro, es cierto, hasta salió en el Correo de Andalucía.  A cada chorrete los presentes soltaban un "olé" como si estuviesen en los toros,  así salió de zalamera.
Mujer independiente y sin prejuicios, de ahí las fotos que hace treinta años más o menos, un paparazzi agazapado en una de tantas calas que la isla de Mallorca tiene, se aprovechase de la mujer que como muchas otras, disfrutaba de un día de sol, como le daba la gana.  Pienso que después de tantos años, tales fotos no deberían de ser publicadas y menos a estas alturas en que su boda está muy próxima.  En la redacciones, hay muchos cajones que guardan mucha vida alegre de  gentes españolas, de la gente guapa que es lo que interesa -también las hay muy feas- pero todas dan juego y venden revistas. A que viene ahora publicar las de la Duquesa que a ella al fin y al cabo, tal como es, le importa un carajo, pero no así,  a la gente que viene detrás, sus hijos.
Le han preguntado al fotógrafo y con toda cararadura dice que es un buen regalo para la dama.  Me da que no sabe en donde se ha metido él y la revista porque, es de suponer que la demanda será apoteósica, tontos serían y es que la intromisión en la intimidad de las personas a mi pobre juício, existe; dado que la buena mujer no paseaba en cueros por medio de una playa abarrotada de gente y si lo hacía, en un lugar apartado, intentando de ese modo evitar a los mirones y en donde tomó el sol porque le vino en gana, derecho fundamental de las personas de vivir en libertad y allí, sin nadie a su  alrededor, vivía.
Ya no compraré el Interviú de marras.  En una peluquería que entré, he visto la portada porque alguien devoraba el contenido y no permite ver el interior.  Pues bien, para aquella edad, estaba fantástica, que le voy a decir, lo que siento, es la tristeza que se habrá apoderado de ella a punto de casarse. Señora,  no rece al Cristo, que por muchos favores que haga, no parará el mundo y la publicación pasará de mano en mano aunque prometo que no la veré, no quiero participar en una merienda de negros, pero Duquesa, también le digo que en la portada, luce usted maravillosamente bien. Que coño...
Y si la señora anda cabreada, no te digo como anda el novio ahora que ha comenzado a conocer la gente guapa del Reino, no sabe en donde se ha metido.  Lo que si me parece, por su amplia sonrisa, por supuesto fingida, que está olvidando a una velocidad endiablada, que hace cuatro días, no más, era uno de tantos funcionarios que acudían a su trabajo, periódico bajo el brazo que es como se debe caminar, para leer por la tarde, que es lo que siempre se dice.
Hace un tiempo, pensaba yo, que ese noviazgo era cosa de dos días, por lo achuchada que andaba la buena mujer, pero mira por donde, en un momento de amorío se quita unos veinte años de encima, camina mucho mejor, de vez en cuando ríe mientras mira a lo alto que es como ríen las grandes damas y otros cientos de veces se cabrea con el personal, con toda razón por las preguntas impertinentes que le hacen.  Lo que sé, es que el amor rejuvenece y de ser así, merece la pena volver a empezar todos los años hasta llegar de nuevo a la infancia que con lo que sé, me iban volver a coger para las procesiones, para ir de visita a otras casas, para ir con la abuela al rosario, para ir a los recados y nadie, nadie en el colegio me pondría la mano encima. Seguro.
Estoy pensando que a partir de ahora habrá que bautizar de nuevo al novio, colocarle en el libro registro tantos nombres como ella lleva, también el sastre o los sastres porque con es gente ya se sabe, le tendrán que coser un traje de domador, como el que llevaba el jinete en la boda de su hermana. Le harán leer y mucho, los suceso de la familia a lo largo de la historia, lo que callarán es que en los Países Bajos todavía, cuando el niño no quiere dormir, que está peleón, vamos; le dicen que llamarán al duque de Alba y se quedan fritos al momento, tanto pavor le tienen.
Alfonso, que así se llama el futuro esposo, tendrá que aprender a montar a caballo con lo que duele el culo y las piernas.  Caerá una cuantas veces al suelo pero ellos lo ven normal aunque se descoyunte los huesos. Tendrá que caminar derecho, como una tabla y si gira la cabeza, no lo hará el cuerpo. Conocerá todo el ritual de la mesa y de la misa, dormirá de gorro en la cabeza y orinalin bajo el lecho del que cuelga una mosquitera. Desayunará paciente mientras ojea las noticias que atañen a la Casa, que son las que interesan.  Paseará en calesa erguido, no podrá fumar, no podrá comer a deshoras y si pasa bajo un melocotonero de frutos maduros, no podrá alzar el brazo que es costumbre.
Echarás de menos aquellos bocadillos de anchoas con queso que te ponía la señora Antonia, la del quiosco. Ya no te podrá chorrear el aceite entre los dedos mientras aprietas la barra.  Se fastidiaron para siempre las partidas de dominó en el café, te olvidarás de los verdaderos amigos a partir de hoy, que caminas vestido de chaqué gris perla porque la boda será al mediodía y no cuadra el negro. Te volverás pijo, que es lo peor que le puede pasar a una persona. Allá tú.
Y de momento algunos familiares no irán a la boda, que el uno por recibir insultos y la niña que ha cogido una varicela galopante. El hijo que no va, al parecer, no hereda que la herencia la ha repartido en vida para que le permitan contraer matrimonio, ¡ah!, los pequeños hijitos cuanto saben y hasta el caballista -no confundir con caballero- no dice ni pío.
Y de nuevo ha llegado el "amor", y la pareja que pronto serán gran Dama y esposo que a narices tendrá que comportarse de otra manera más altanera, veremos con el tiempo, como trata a los lacayos.
Larga vida a los novios.  Ella con ochenta y cinco años que, no se, no se; claro que, que cada vez que da un paso cercano para el otro mundo, si  lo que se muere es uno de sus nombres, entonces Alfonso tendrá amor para rato.
Y yo que así lo deseo y me alegro un montón.  Larga vida a la pareja.
Amén.

miércoles 31 de agosto de 2011

OTRA MÁS






Cuando niño, pasaba las horas del día correteando tras cualquier cosa. Ya mayor, me centré.
Viene a cuento que un día del Señor de cualquier año pasado, un tirachinas en la mano derecha, una piedra de granito en la badana, bien sujeta con  la mano izquierda,  que es como tiene que ser. Las tengo ante mi y hay muchas, tenso las gomas, más,  mucho más hasta que comienza a temblar todo mi cuerpo, entonces,  la dejo libre, la piedra vuela veloz hacia su destino y al poco, un golpe seco y certero, deja sin vida a una paloma.  Había muchas, pero tuvo que ser aquella  la que se interpuso en el camino.  Y yo temeroso que no me lo creo, que es cierto que apunté al grupo, pero sin la convicción de hacer tanto daño y va, le rompo la cabeza.
Estoy solo, nadie me ha visto, la recojeré, le puedo hacer un bonito entierro. ¿Entierro?. ¿Y si es el Espíritu Santo?.  Mira que si lo es.  Entonces, el corazón me comienza a la latir fuerte, desacompasado, como no queriendo participar en el santicidio, no puedo más, me siento en el bordillo de la acera mientras sudores chorrean por mi cabeza y cara.  A mi lado la paloma muerta y a la que miro y remiro buscándole entre el plumaje una marca, una señal divina que no encuentro.  La recojo y con ella entre mis manos camino hasta el Baluarte, frente el cementerio, para darle santa y nunca mejor dicho, sepultura.  Es un buen sitio, a estas horas no hay gente, nadie me preguntará.
No es que sea muy profundo el hoyo pero queda bien tapada.  También le hago una cruz con dos palos que coloco cercana y así marcho con la intranquilidad de haber enterrado a una de las personas de la Santísima Trinidad. Tiene narices lo que acabo de hacer, he dejado el grupo en dos.
Me costó dormir aquella noche y algunas más.  De vez en cuando destapaba la cabeza temeroso, miraba a la ventana pendiente de que al lado de la luna apareciese un gran palomo para lanzarme un pedrusco envuelto en un papel que dijese:  De parte del Padre y del Hijo...
Si en casa era siempre la persona que animaba, que contaba los últimos chistes a la hora de comer, a partir de entonces dejé de hacerlo, comía muy poco tomándolo como una penitencia.  Dejé de ir al cine, ese si fue un duro castigo, lo que aumentaba mi tristeza y constantemente la palabra ! asesino !, ¡ asesino ! en voz baja, como si viniese de ultratumba, rondándome y si los otros, habían crucificado a Jesús a sabiendas, de muy malas maneras porque todo estaba escrito y premeditado, yo había matado el Espíritu Santo sin conocimiento, a traición y además lo mío era evitable.  A partir de entonces, Dios estaba solo en su universo.  Eso si me dolía porque, quieras o no, todo el mundo necesita compañía.
Dejé de ir a misa por temor a tener que confesar mi pecado.  Veía a todos como locos tras de mi gritando: ¡ al patíbulo !, ¡ al patíbulo !, ¡ asesino de una parte de Dios !.  Todos vociferaban, cristianos, moros, negros, chinos, ateos, todo el mundo se unía contra mi.  No lo entendía, cruzaba calles, todo eran calles sin curvas, nunca se llegaba al final, ni había cuestas y yo corría sin descanso escapando de aquella prole de malencarados.  Entonces caí en la cuenta, tenía ante mi al final, una única visión del infierno..., al que caía, caía, caía..., sin llegar jamás al final, al fuego eterno.
Se pasa mal, en este tipo de sueños. No se que les sucederá a las personas mayores, seguramente que estarián todos como dicen los chinos "kakaítos" de miedo, pero bien que lo disimulan, que de Supermán está el mundo lleno.
Y que en medio de cien palomas le tuve que cascar a esa...  Por eso las demás la rodeaban.  Si estuviera en una esquina no le sucedería, pero no, tenía que estar en medio como los políticos pero a ellos no les sucede porque siempre van en esos coches negros que les dicen blindados, pero la paloma iba descubierta porque sus plumas, digan lo que digan, no les defienden. ¡Pero es que no hay migas de pan en el cielo, que tiene que venir a la Tierra!.  No hay quien lo entienda.
-Adios mamá-,. -¿A dónde vas?. -A misa-.
Ni de coña, mi misa era caminar pensativo por el puerto, sin ver los botes que subidos a la mar jugaba a balancearse, ni las enormes grúas siempre con la cabeza agachada como pidiendo perdón, ni seguramente, a cualquier compañero de clase que me había saludado.
Lo que daría por tener una amiga.  La amigas lo entienden todo, no se alteran y siempre ayudan. ¿Mi madre?, una regañina que duele más que unos buenos palos.  Una amiga sabe lo que hacer, por donde caminar, aquien acudir, a quien preguntar. Así es.
 Y un día, no teníendo amiga, amiga a quien contar mis sufrimientos me acerqué a mi madre y, sin pensarlo, le dije que había matado al Espíritu Santo.  Le dolió porque sin decirme nada me dió la espalda y así estuvo un buen rato llorando, lo notaba porque las manos las tenía en la cara y no dejaba de moverse.  Durante bastante tiempo no dejó de alzar los hombros como hipando, yo temblaba. Cuando se giró, los ojos le brillaban así como su rostro.  Le conté como lo había asesinado y como lo había enterrado, ¿quieres verlo?, dije temeroso. - ¿Está muy lejos?-. -En el Baluarte-. -Pongo unos zapatos y vamos para allá-.
Llegados al lugar y cerca de donde lo había dejado di un salto hacia atrás mientras señalaba a mi madre el agujero. ¡Ha resucitado!, ¡ha resucitado!.  Una felicidad me invadio, me sentí libre, Dios me había perdonado. Mi madre se acercó, husmeó un poco, siguió el ratro de unas plumas y al fondo, un gato negro como el azabache comiéndose con toda la calma al Espíritu Santo. De nuevo, la tristeza más grande me invade. A lo que he llegado.
Cansada de verme vivo sin vivir, mi madre me dice que la acompañe a la iglesia.  En lo alto del altar, la talla de una paloma.  Quedamos al lado de la pila del agua bendita.  Van llegando personas que dicen "en el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo". Todo los dicen, nadie se come la última parte.  Hasta el cura lo ha dicho en varias ocasiones, en muchas ocasiones.
Al salir, iba convencido que a narices, tiene que haber varios Espíritu Santo
A narices tiene que haber varios, estoy seguro de ello.
Yo, asesino; maté a uno de ellos, hace mucho tiempo, cuando era todavía un niño.

sábado 6 de agosto de 2011

VIVENCIAS Y DOS.






Con seis años aparecí en Ferrol, ciudad marinera que entonces disfrutaba de 4 días de sol y 361 de lluvia.  Vivía con mis padres en la Puerta de Canido, cercanos a descampados sembrados de coles, magnífico lugar para esconder y entretener a los niños que jugaban a bandidos. Era una barriada de marinos que apenas se enteraban del comportamiento de sus "niños" a causa de sus constantes navegaciones.  Un conserje barrigudo en exceso, que a la mínima extraía y mostraba su ancho cinturón de cuero, hacía las veces de enseñante y al igual que los buenos maestros de entonces, sus cabreos eran apoteósicos pero no causaban daño.  Ello permitía a nuestras tutoras confiarse en sus labores, sin tener que estar asomándose constantemente a la ventana para ver si el niño hacía una trastada.  Había otro conserje al que bautizamos como Bamba por la mucha pachorra que se gastaba.  Caminaba lentamente, siempre por las aceras, lo que nos permitía escapar a media marcha tras una travesura, jamás atravesó alguna de las enormes plazoletas que había entre los edificios.  Plazoleta para todo tipo de  juegos, prohibida la pelota y ese era un motivo para que los conserjes anduviesen tras nosotros a la greña, por el poco caso que les hacíamos. Entre juegos de todo tipo, cines, charlas en el interior de cualquier portal y como no la niñas,  fuimos creciendo mientras a escondidas nos mirábamos detenidamente la entrepierna esperando apareciese algún mínimo pelillo, que de eso se trataba. Teníamos unos once años.
La Malata, al borde de la ría de Ferrol fue nuestra segunda casa.  Los mayores que les decíamos cuando tenían 18 o 20 años, nos permitían estar con ellos, escuchar sus conversaciones, conversacions que no aparecían en las novelas de Corín Tellado, que alguna leí.  Jugábamos con ellos al frontón al lado del túnel, juego que luego practiqué a diario con otros compañeros en el Instituto. Nos bañábamos desnudos que no era plan llegar con el bañador mojado a casa.  Nos duchábamos en un manantial, con el agua helada que corría libre que  en el interior del túnel de ferrocarril, a fin de quitar del cuerpo el salitre y es que las madres, quizás puestas de acuerdo, a la llegada a casa, nos tocaban con la punta de la lengua en busca de aquel sabor a sal que la mar deja, que nos hiciera de inmediato,  merecedores de un castigo.  El peor, quedarme una hora en casa sin salir, pero también, le había cogido la aguja de marear, unos besos, un te quiero, la madre se derrumbaba, el castigo finalizaba. Con siete años nadaba como un pez.  Si no llego aprender por mi cuenta y riesgo, hoy no sabría flotar, tanto era el temor de aquellas mujeres a las muertes por ahogamiento.  La primera vez que mi madre me vio nadar, se llevó un buen sustó al ver que me alejaba de la orilla y otro se llevó cuando subiendo de la Plaza de España a Canido, vio bajar a gran velocidad,  pedaleando por la cuesta, un loco en bicicleta, sin las manos en el manillar, derecho en el sillín como si fuese a caballo. ¿No serías tú?- me dijo.  La luz se le encendió. Terminó con varios "estáis locos", " que me vais a matar el día menos pensado".
En la Malata lo aprendimos todo, también a navegar a vela con unos pocos años.  Los niños, suele suceder, aprenden muy pronto lo que les interesa y así era.  No tanto con aquellos libros aburridos, sin una triste estampa o fototografía en medio de sus páginas, llenos de fechas, de nombres.  Entonces, ante ellos, mi mente se iba a la calle, pensando en la manera de conseguir metal para vender al chatarrero y de ese modo poder fumar tabaco rubio e ir al cine una, dos e incluso tres veces cada día.  ¿Muy tarde llegas hoy?. - Si, mamá, el profesor que se empleñó en explicarnos unos teoremas.  Ese día no había pisado el colegío.
Antes de crecer, es decir, antes de llegar a los catorce años, seguíamos siendo niños.  Esperábamos a unos chavales que venían desde Serántes en unos carros de madera cargados de piñas  para encender las cocinas. La mercancía la vendían pronto y una vez vacío el carro, a él subíamos los más decididos en el inicio de la calle de la Tierra y a una gran velocidad, bajábamos aquella inclinada cuesta hasta llegar a los Cantones.  Era fantástico todo aquello.  No lo era tanto, tener que empujar de nuevo el carro hasta Canido para volver a bajar en medio de grandes gritos porque el artilugio daba la impresión que se iba romper y gritos en las aceras de las personas mayores afeándonos aquella conducta.  Siempre nos afeaban conductas, como si ellos fuesen un ejemplo de virtud.  Hay que decir a todo esto, que apenas circulaban automóviles.  Jugábamos a la pelota en cualquier calle y al divisar un coche allá a lo lejos, deteníamos el juego y pacientes esperábamos que siguiese su camino y nos dejara el "campo" libre.  Parábamos de jugar para luego emprender feroz huída, cuando el rostro de un Municipal asomaba, sobretodo aquel llamado Santana.  Los conocíamos todos.
Se diría que éramos hijos de la calle y la calle nos amparaba.  Fue una forma de crecer libre sin molestar a nadie lo más mínimo, que en educación, sobresalíamos.
Y libre seguí creciendo en el Instituto después de haber pasado por la locura, llevada al máximo extremo, de una  terrible Academia.  Es cierto que en el Insti descubrí el cielo con todos sus serafines tocándome una balada.  Era magnífico, podías faltar a todas las clases y tan sólo teníamos que acercarnos el sábado por la mañana a la oficina del bedel Juanas, tomar de una caja nuestras tarjetas con las faltas de asistencia a clase, que sobre las once el hombre,  echaba al correo.
Falsifiqué eso y más. Mostraba fantásticas notas en casa. Las volvía a su primitivo estado a base de borrar con lejía mezclada con agua.  Firma de mis padres, firma de profesores falsificadas tan perfectas, que ni se enteraban. Falsificaba también, como es lógico, las de mis compañeros de correrías.
En una ocasión, el profesor de literatura, después de pasar lista si hallarme como siempre sucedía en clase, preguntó que me ocurría. Un simpático, luego me enteré, le dijo que tenía leucemia.  El bueno del director que llama a mi madre. Que le dice es una enfermadad muy mala pero con la ayuda de dios su hijo saldrá adelante.  Mi madre le pregunta qué enfermedad. El hombre que le larga lo de la leucemia. Con el tiempo recordándolo, nos reímaos todos en casa,  pero se que aquello hizo llorar a la mujer que más he querido.
Aclaro, que en verano me rompía el alma y estudiaba hasta en la playa.  En septiembre pasaba el curso.
Quizás aquello fuese una desviación de comportamiento el no estudiar bajo la lluvia y si en verano.  Una vez un profesor me dijo que no estaba bien formado. ¿En qué sentido?- le pregunté altanero.  Me echó de clase.  Esas eran sus explicaciones.  En otra ocasión me preguntó en clase qué hacía, le contesté que estaba pensando; la clase se rió, aquello le produjo una inmensa herida, me breó a palos. Esa era su enseñanza.  Así todos los días.
No quiero olvidarme de la zapatería "El Cubano" que así rezaba el cartel pintado en negro sobre la puerta del trabajo, un lugar pequeño en donde solían laborar unas cinco personas.  Descalzo sobre un periódico, Jesus solía dibujarme el contorno de los pies y a partir de ahí, me hacía aquellos zapatos de "encarga" que le llamaban, zapatos duros, a prueba de patear piedras y cualquier caldero que apareciese en el camino.  No quiero olvidarlos porque he pasado muchas horas en medio de ellos tomando parte en sus conversaciones, escuchando atento los consejos del viejo Lito, amante de los pájaros que también me gustaban, a pesar de caminar siempre con un tirachinas en el bolsillo del pantalón.  Nunca maté alguno y un día que  lancé una piedra a unos cables, que  vi como había acertado al pájaro, que lo vi caer, que lo cogí temeroso, que le eché aliento mientras lo sostenía entre mis manos  caminando a un recado y cuando al pasar un buen rato el pájaro dió señales de vida, me sentí la persona más feliz del mundo.  Le di tantos besos, lo acaricié tanto que cuando abrí la mano, el pajarillo quedó quieto y tuve que echarlo al aire para que volase libre. A lo que íbamos.  Aquellos zapatos del Cubano eran irrompibles.  Primorosos me los dejaba mi madre el domingo pero por semana, jugaban al futbol en cualquier terreno enfangado, sobretodo en Baterías y que luego lavaba en Copacabana con agua salada que los dejaba relucientes hasta que, una vez secos, el salitre asomaba. Eran eternos, me decían que la suela era de rueda de avión. Ni lo se.
Y aquella bicicleta verde con barra que alquilaba en el taller de Ricardo.  Una maravilla porque todos la cuidábamos.  Solíamos alquilar bicis parar ir a La Cabana a sustraer un poco de fruta y digo La Cabana porque a donde íbamos, no había vigilancia alguna.  Infinitos dolores de barriga por comerla verde y verdes las nueces que bajábamos de unos árboles que había delante del cuartel del ejército de Canido.  A las nueces verdes, se les limaba la capa exterior, arrastrándolas sobre paredes granuladas.  Los dedos y las manos quedaban tintados, feos, durante una larga temporada.  El premio, la carne fresca de la joven  nuez todavía sin hacer, de un blanco purísimo, que metida en un trozo de pan se llevada a la boca.  Temblores me entran al recordarlo.  Si podéis probarlas un día tal como os digo pero ojo, el precio es muy caro y es que el color oscuro verdoso de las manos no salían con lejía ni con Netol.  Hoy hay guantes.
Las nueces se bajaban lanzando al árbol unos palos de unos 70 cms.  Por aquel entonces, en la Puerta de Canido había dos quioscos conocidos como el "grande" y el "pequeño" debido a sus tamaños.  En el "pequeño" vivía permanente un hombre llegado de una aldea, lo digo por el habla.  Le llamábamos el Zoqueiro porque caminaba en principio con zuecas. No pasó mucho tiempo cuando le llegó una novia y allí los dos, en el mínimos espacio de aquel quiosco se arrullaban.  El habitáculo estaba forrado de cinz bajo, dándole sombra un frondoso nogal y cuando entrábamos en temporada de nueces, el palo volaba sin descaso a lo alto.  La caída por lo regular era sobre el alojamiento de la pareja que salían al principio como locos creyendo que aquello se iba al traste.  Con el tiempo hasta creo que se acostumbraron. ¿ O no ?.  Mejor no.
La cabeza de un joven siempre -supongo que a los actuales también-, está en movimiento.  En una ocasión, no se el motivo,  intenté marchar de casa y llegar a Madrid.  Iría por la vía del tren, lo que no contaba era con los túneles que me obligarían a subir montañas.  Lo cierto es que a las once de la noche, en los coches que chocan de los Cantones un guardia civil se colocó a mi lado.  Sólo me dijo: ¡ Pero Chalo, qué eres un crío ! y así, convencido  de que lo era,  me entregó convicto a mi  gran abuelo. Lo que me perdió o no, fue dejar sobre la mesilla de noche una carta despidiéndome hasta algún día.  Qué poca cabeza, pienso hoy. Quizás fuese tanto cine, aunque pensándolo bien, no es que en la acualidad mi cerebro rija como muchos laureados desearían.  Voy por libre.
No quiero terminar sin decir a nuestro favor, que respetábamos a los mayores, a todo el mundo.  Que cualquier persona podía contar con nosotros para hacerle algún tipo de recado, que aguantábamos los críos como si fuesen nuestros hermanos, que asistíamos los domingos a misa, que nadie tomó algo que no le perteneciese.  Lo prometo.  Es cierto que con diez años fumaba pero tuvieron que pasar más de cincuenta  para darme cuenta que el tabaco no es cosa buena aunque sigo pensando que es fantásico para las esperas, para matar el aburrimiento, para no permitir que los nervios salgan al exterior, para ver como esas voluptas de humo van saliendo por nariz y boca.  No me pesa, a lo hecho, pecho.
Alguien habrá notado que no he hablado de niñas.  Podría decir aquello de soy un caballero sin serlo, podría decir tantas cosas, que todos pensaríais que es mentira.  Por eso callo y callaré aunque muchas veces, el silencio tiene vibraciones que hablan.
El silencio de los cementerios no vibra, a no ser que alguien tome una flor prestada de otra tumba y la deje sobre aquella siempre olvidada con su cruz destartalada.
Suelo hacerlo.  Probar.  Queda el alma tan en paz, tan contenta.

En recuerdo a toda la gente y situaciones que me hicieron feliz.  Sucedía muy a menudo.

BOFETADAS