lunes, 2 de febrero de 2009

MORRIÑA





Hojeando un libro antiguo, "Galicia" de Martínez Barbeito, encontré entre sus páginas un folio con fecha 10 de julio de 1975, folio que recordaba haber escrito, pero que con el paso del tiempo no lo situaba y que paso a transcribir:

Cuando Dios acabó de crear España, se detuvo un momento. Había creado el país más hermoso de Europa, había dado a este pais los paisajes de dos continentes; la flora de Europa y la flora de África, las tonalidades de dos diferentes mundos.
Aquí estaban los panoramas románticos de Álava, Guipuzcoa y Vizcaya con sus montes majestuosos y tupidos, poblados de boscaje. Aquí, la maravilla de las Rías gallegas, espejos inmensos entre arboledas y forestas. Aquí las llanuras próvidas, con tan dilatados y claros horizontes de Campos y la Mancha. Aquí la Serranías de Ronda y Gredos. Y el panorama, lleno de augusta majestad del Escorial. Y los paisajes rosa y gris de Alicante y Mallorca. Y los naranjales de Castellón, Valencia, Murcia y Málaga. Y los palmerales de Elche. Y la costa brava de Cataluña. Y los eminentes riscos de Sierra Nevada. Aquí estaba, en resumen, todo lo mejor de Europa y lo más característico de África. Pero faltaba una cosa. Dios se puso a meditar... Quería hacer a España un último regalo, quería expresar el alma de estos paisajes en notas musicales. Faltaba la música popular de España. Entonces llamó a la representación femenina de las provincias; acudieron al llamamiento del Señor las más bellas mujeres de nuestra patria. Cada una de estas mujeres representaba una de las regiones españolas. Dios fue dando a cada una su expresión musical. A Cataluña le dió sus sardanas tan elegantes y retozonas; a Valencia su "chaqueravella"; a Zaragoza su marcial jota, toda ímpetu y entusiasmo; a los alicantinos sus cantos de trilla, que son el ulular largo y ensoñador del almuédano; a los andaluces, los alicatados inacabables de su cante jondo; a Castilla y León sus cantos de cuna, melodías dulcísimas con que los niños se duermen y se creen en el paraíso; a los vascos sus zorcicos. Todas las regiones españolas tuvieron su música popular.
Cuando todo estaba repartido, vieron que llegaba afanosa y confusa, una bellísima mujer; era Galicia. Galicia hermosa entre todas las hermosas, buena y cordial entre las buenas y cordiales. Dios dijo a Galicia que había llegado tarde y que todo estaba ya dado. Al oír esto la bella mujer se puso a llorar. Suplicaba, sollozaba, rezaba para que el Señor se enterneciera y Dios se enterneció:
- Has llorado, has rezado y has sollozado - dijo el Señor a Galicia - y quiero darte una música que sea todas estas cosas a la vez; que sea un llanto, un sollozo y un rezo -.
Galicia, la de los ojos amorosos, sonrió entonces con gratitud. Y el Señor añadió:
- Pondré también en tu música, por ésta sonrisa de ahora, una música de infinita melancolía.
Galicia conmovida y emocionada, tomó el manto del Señor y lo besó.
El Señor dijo:
- Y por este beso de tus labios, que siempre han dicho palabras de bondad, voy a poner también en tu música, algo que es una cosa suprema; algo que va hacer que en tu música popular, la sensación hondísima, indecible, que se experimenta en el momento de la emigración, en el instante en que, habiendo que dejar la tierra nativa para marchar muy lejos, se besa por última vez a la madre o a la amada.
Y así fue creada la música popular gallega, la más conmovedora de todas las músicas populares de España.
Azorín


BOFETADAS