miércoles, 22 de junio de 2011
LA SOMBRILLA
Mira que lo avisé. Que no jugara con la pelota dentro de la casa, que se fuera a la calle, a cualquier rincón de la plazoleta, pero que en casa no lo hiciera y va, cuando menos me lo espero me rompe media vajilla que tantos y tantos sudores me costó conseguir, comprando a don Pablo plato a plato, taza a taza, vaso a vaso.Una vajilla que jamás se había estrenado por termor a que algo rompiese con el uso, que no se la ponía ni a mi madre cuando venía a casa. Y le pregunto que ha pasado y no me responde. Y le señalo el reloj que cuelga en la descolorida pared y él me dice que no se puede fiar de ese trasto que tiene muchos años y por eso no ha ido al colegio. Bien sabe el Señor que ambos, reloj y el niño tienen la misma o parecida edad, mes arriba mes abajo. Mi bendito esposo, que lo sea por muchos años me lo regaló a su regreso de la mina, mina que se cerró porque allí moría mucha gente y apenas se extraía mineral. Me dijo al entregármelo:- Para que cuentes las horas durante mi ausencia- y marchó. Es cierto que comencé a contarlas poco a poco sin apenas separar los ojos de aquella esfera reluciente y unas oscuras agujas que de vez en cuando me obligaban a entornar los ojos del dolor que sentía. Me cansé de mirar el tan terrible paso del tiempo y además mi corazón me decía que no regresaría y así, dejé de contar horas y horas.
Dicen mis comadres, que el hombre es el único animal que no puede permanecer siempre en el mismo lugar, en un libro que leí se dice: en el mismo habitat. Que como los animales necesita moverse continuamente aunque de tarde en tarde aparezca en silencio, me abrace por detrás, me muerda con sumo cuidado la punta de las orejas, me lleve al huerto. He intentado pedirle explicaciones, he intentado por las buenas que se quede en la casa, tras llenarle el vientre con comidas muy sabrosas que devora mientras yo frente por frente, poco a poco mastico una oscuras verduras. De vez en cuando me guiña el ojo, el muy zalamero. Le he dado todo, hasta el dinero que quité de la hucha del niño, que Dios me perdone. Ha sonreído, me ha besado, ha besado mis lágrimas y como cualquier animal desconfiado, mira a una lado y otro para a continuación partir en dirección a las montañas, donde dice que es libre como el aire porque adora la libertad y pienso que será por los años que estuvo metido en la cárcel a donde todos los jueves por la tarde, le llevaba envuelto en una tela, lo poco que tenía y allí se lo entregaba feliz, porque aquella mirada de agradecimiento, aún la conservo en mi interior.
Mi madre siempre me puso sobre aviso, pero jamás detuve el pensamiento para mirarla y hacerle el caso que me pedía. Mi padre, siempre en medio de su permanente enfermedad, asiente con la cabeza a todo, sin tener la menor idea de lo que hablamos y yo, que comenzaba joven a saborear la vida, que todo me sabía a gloria, que no paraba de cantar mientras realizaba el peor de los trabajos en la fábrica de cemento, cansada, aburrida, me casé con el primer hombre que apareció, pero al poco lo perdí mientras caminaba hacia la oscura mina, sin conocer si volvería a verlo de nuevo, tanto era el terror que sentía.
Y ahora, cuando la paz me inunda, cuando mis recuerdos se van apagando, este hijo que acabará conmigo, rompe media vajilla de un pelotazo. Mira que le dije que jugase en la plaza, en cualquier rincón, pero que no molestase a los caminantes ni a las señoras sentadas en los bancos bajo sus hermosas sombrillas. En una ocasión, agachando la cabeza, mirando al suelo, pedí con temor a mi marido que si un día tenía mucho dinero, me comprara una sombrilla blanca, con adornos, hermosa puntilla alrededor y si es posible, con colgantes en cada varilla. No sé si escuchó lo que le decía, afirmó como afirma el cura, cuando en el confesionario le narro mis pecados, ¿pecados?, qué pecados va tener una pobre mujer que se parte el lomo de la mañana a la noche sin apenas descanso. Y mira que le dije que estuviese quieto con la pelota, pero es cabezón como su padre, al menos me lo recuerda. Ojalá encuentre y me vendan las piezas sueltas, quedaba tan bonita en el comedor. Si las venden sueltas las compraré poco a poco, que baratas no son y además, no quiero dejar a deber ni tan siquiera un céntimo. Cada uno en su casa y Dios en la de todos. Hoy ha venido doña Dolores a verme, entra sin llamar, una sonrisa cínica siempre en la cara, picotea aquí y allá lo poco que encuentra, mientras no pierde detalle del interior de los cajones, además, siempre me paga una miseria, es muy avara. Quiere que le lave un montón de ropa, ¿por qué no lo hace más a menudo?, pero no, guarda, guarda y cuando no puede más viene a mi aún sabiendo que tengo la espalda con muchos dolores, que el río no queda a un tiro de piedra, queda demasiado lejos y voy y vengo cargada como una burra a lavarle todo aquello con esmero que es como quiere y bien planchada, que la revisa y nada se le escapa. Y el niño que continúa de aquí para allá con la dichosa pelota, me dan ganas de picársela pero al poco, tendría en medio de sus llantos que comprarle otra y no está el pecunio para ello. No es mal chico pero salió un poco torcido y algo alocado. Su padre un día le compró un montón de libros que usaba para puestos uno sobre otro, llegar al frutero o sentarse cuando cansado miraba al techo, pero al menos estaba tranquilo. El padre no es que sea listo, pero es un buen trabajador, un buen amante -un suspiro-, que la vida en la mina es demasiado dura con tanto derrumbe que se suceden. Ojalá encuentre un buen trabajo por ahí adelante. Ojalá vuelva.
¡ Niño !, que te he dicho mil veces que dejes quieta la pelota en casa. Que te vayas de una santa vez a la placita. ¡Ay!, la placita llena de sombrillas y cochecitos para los recienes. Qué suerte tienen algunas aunque a la larga, el no dar golpe en todo el día, las haga impertinentes porque se les seca el cerebro. Es verdad que puediera sentarme en un banco y despellejar una a una, pero prefiero mi vida aunque por otro lado, lo de trabajar todo el día es un coñazo.
¡Niño, la pelota esa, quieta!.
Ha sido muy gentil el empleado de correos que me entregó un aviso de llegada de un paquete, tiene mucha facilidad de palabra y me ha dicho que pase por las oficinas en horas y días laborables. He ido temprano porque la ansiedad me podía, nunca había recibido paquete alguno, es más, no conocía por dentro la oficina esa. Me entregan un bulto alargado, lo abro nerviosa, el niño que me acompañó arranca el envoltorio con ansia. Qué lo vas a romper, ves con cuidado -le digo-. Mis ojos se abren de par en par, la respiración se me para, los brazos y manos me tiemblan, el cuerpo me tiempla todo, tengo ganas de gritar pero me doy perfecta cuenta del lugar en que me encuentro, es mucha la felicidad que siento al ver ante mi una sombrilla blanca, con puntilla a su alrededor y colgantes en cada varilla. Sobre ella una simple nota: Nunca me olvides. Tu esposo.
Le embarga una gran emoción, la impaciencia le puede, empuja el interior a lo alto y brillante se abre de para en par, ocupando un espacio en el cielo, el objeto que tanto deseaba... Da unos pasos, gira sobre si misma, sonríe, camina con un suave contoneo, la cabeza alta mirando a la distancia, que nunca se ha sentido tan poderosa. Entra en la placita, se exhibe, baja un poco el parasol para que las demás mujeres se enteren bien enteradas quien camina, luego se sienta en un banco, mira a los niños, desplaza con cuidado una pelota que le ha quedado cercana. Después se levanta, camina despacio, entra en casa, lo mira todo con avidez sin perder detalle, ve de nuevo la vajilla incompleta, el niño ahora asustado a su lado, a través de la ventana mira la lejanía. Abraza la foto de su marido con fuerza, mientras los ojos se le van llenando de lágrimas. Al poco llora como nunca lo hizo. Jamás se ha sentido tan sola.
No muy lejos, un mirlo, canta.
El niño quieto, como jamás lo estuvo. Tiene miedo.
martes, 21 de junio de 2011
TE CUENTO, IDIOTA ...
Hace un tiempo, no mucho, un político no sé si influyente, atendiendo a ideas del FMI, a la OCDE e incluso a los sindicatos, que entendió de mala manera, dio en llamar "Generación perdida" a los jóvenes que no tenían trabajo ni trazas de conseguirlo tal como están las cosas. Los otros Organismos, se ponían al lado de los muchachos. El político equivocado que no comprendió el mensaje, en la acera de enfrente para desde allí, machacarlos como si fuesen culpables. En este blog, le contestaba que tan perdida no deben de estar, cuando los viernes y sábados se reunen en franca camaradería para hacer monumentales botellones y allí, en cualquier parque, en cualquier descampado que ni los animales quieren ocupar, están exponiendo sus ideas, cantando que no es nada malo, besándose que tampoco, a bofetadas o tirándose de los pelos, los menos.
No hay generación perdida cuando miles, muchos miles de jóvenes y no tan jóvenes lo único que tienen in mente, lo que más anhelan es desempeñar cualquier, vuelva a leer, desempeñar cualquier trabajo que les permita caminar con la cabeza bien alta y sin la vergüenza, el temor que produce agacharla , para pedirle un poco de dinero a sus padres que sabe, no nadan en la abundancia debido a la miserable pensión que les ha quedado.
Aseguro que no hay generación perdida tal como sugiere el sentido que le da el político. Detrás de los actuales "viejos", vienen pisando fuerte generaciones que muestran y demuestran su inteligencia. pero que los tienen ahí parados, aparcados por la torpeza de sus inventos cuando se unen en sus comidas de trabajo, cuando el capital que los ha estrujado, ahora, con la barriga llena, descansa. Es de suponer, mejor, no dude aunque lo dudo porque su prepotencia es supina; pero a una simple llamada, han acudido miles de ellos, ¿los ha visto?, claro que no estaban perdidos... Se han organizado, han repartido lo poco que tenían y durante unos días, les han metido miedo en el cuerpo. Repito: Se han ogranizado solos y lo han hecho demasiado bien, comenzando por la igualdad y terminando por la fraternidad.
Me dirá que en Barcelona, la fuerza pública tuvo que dar leña. Es cierto, pero también el comportamiento de los que mandan, intentando subsanarlo todo alegando que lo que se pretendía era hacer una limpieza del lugar..., ni de coña me creo que en la plaza de Catalunya desapareciesen las flores, se llenase de pulgas que portaban los allí presentes. Dicen que sí, que una avioneta echó unas cuantas como cuando comienzan los colegios, dicen. ¿Les han devuelto las pertenencias que un camión les llevó sin consentimiento alguno?, ¿con qué derecho el responsable de Interior le hurta a los ciudadanos lo que les pertenece, sus bienes?, a ver si a partir de ahora hay que tener cuidado con la policía no te robe el reloj por imperativo legal. A donde hemos llegado, poderosos del carajo, a hurtar creyéndose propietarios del contenido de los Códigos civil, Penal y de Enjuiciamiento. Si hubiese otro gobernante serio, el ministro de interior catalán, le iba durar el puesto un suspiro. Lo malo de todo es que entre lobos no se muerden.
Reconozco que unos golfos hicieron la puñeta, pero hay que reconocer, que ustedes con la palabra, que suele ser más dolorosa que los palos, también nos lo hacen, tenemos que tragarlos ya que nos obligan a elegirlos forzosamente de una lista. Si ni tan siquiera os conocemos. Luego, al poco, vais de guapos, de dueños del cortijo con alterne y todo, los mejores yates, algunos, las mejores prostitutas. Estáis de coña.
¿Cómo no va andar el pueblo escaldado si incluso a bombo y platillo les anuncian el presupuesto para esos aviones que llevan a la gente "guapa"?. Una pensionista, sentada en una silla de paja, coloca bien los anteojos, lee en voz alta a los allí presentes: Para los Falcon, para que disfruten la gente "guapa", un presupuesto de 100.000.000 pesetas. Llevarán a bordo, exquisitas mantelerías y vajillas, jamón ibérico; lomo ibérico; chorizo ibérico; queso manchego; salmón ahumado noruego; aquí la pensionista casi se desmaya, luego continúa: fruta fresca de temporada; fruta fresca de temporada pelada y cortada como a mi me gusta; zumo de naranja natural, ginebra Beefeater que la Larios no interesa y para terminar, luego vendrán los añadidos, güisqui Chivas de 12 years. A la pensionista que lee, hay que abanicarla. Sigue: la tripulación, por supuesto comida diferente. Es que a esas señoras y señores que volarán sin coste alguno de un lugar a otro, a donde se les antoje, -ya lo están haciendo-, las bocas, se las hizo un fraile. Es que no pueden comer lo del resto de los mortales, nada más tomar posesión de su cargo, en la primera comida de trabajo de las infinitas que tienen, el paladar se le transforma, se hace más exquisito y ya no les gusta el guiso de mamá ni el arroz con leche de la abuela. La vida, dicen, nos ha cambiado, es que somos tan necesarios, tan necesarios. El país sin nosotros va al garete pero ahora, al fin, os estáis enterando que no hay tal generación perdida, estaban agazapados pero no castrados y bastó un mail, un simple mail que corrió como la pólvora por ordenadores y teléfonos para que aquello se elevara a la enésima potencia y al instante, todos a una como los del pueblo que narraba Lope de Vega, si, aquel Fuenteovejuna. Quizás el político, lo tenía olvidado, no creía posible que un simple ordenador tuviese tanta o más fuerza que la corneta en un cuartel. No intente prohibirlos, ni tampoco los teléfonos que ahí, si que toca en hueso duro.
Y mire, los "perdidos", no caminan solos por las calles, por las plazas. Han sentado sus reales en los lugares céntricos, para que al pueblo los tenga cerca. A ellos, se han unido parados, jubilados, maestros, profesores de universidad, amas de casa y todos aquellos que el gobierno poco a poco, impuesto tras impuesto machaca. Los funcionarios, de buena gana se sumarían. Acuérdese como comenzó la Revolución francesa. Se ha acercado una pareja de ancianos que con excasa pensión, tienen a cargo a su hijo, las nuera y dos pequeños uno en edad de mamar. Acuden a las plazas antiguos militantes y en una, en Sol, un antiguo comunista arenga a los muchachos que en silencio le escuchan y al finalizar con una aplauso largo, le acogen. Es un hombre mayor, que no ha llegado en uno de esos coches negros, enormes, completamente blindados y cristales tintados para que no se vean los propietarios del Reino que van dentro. Son los de la sonrisa forzada permanentemente cuando un ciudadano se les acerca; desde sus minaretes nos dicen que todo tiene arreglo mientras todo se va al carajo. Entre ellos carcajadas mirando al cielo para que sean bien sonoras porque les han aumentado el sueldo, golpes en las espaldas de sus trajes caros, espalda que dan a la periodista sin contestar a su pregunta. No son capaces de pensar, que esa periodista un día, también puso en una urna una papeleta a su favor. Prepotentes. Con el tiempo caeréis como fruta podre, mendigaréis cualquier oscura oficina donde mascar vuestra desventura, pedazo de alcornoques.
A ti, político idiota, ¿ has presenciado las manifestaciones?. Seguramente que no, tu horario en el gimnasio es imperdonable y no te digo nada el de la nutricionista. Te voy a decir que han sido muchas, en todas ellas, los jóvenes sobresalían por su saber estar, su paciencia, su ilusión de no encontrarse tan "perdidos". ¿Los escuchas ahora?. Están vivos, han despertado, han sacado de la calle vuestros autos, nos les permiten correr como cuando vais en ellos, que la multa no os la cobran. Ahora ocupan el pavimento- sous les pavés la plage- que se repite. Los generosos, mucho tiempo callados o borrachos pensarás, pero que ahora ocupan en la ciudad, en cualquier ciudad de la geografía mundial, el lugar que les pertenece hombro con hombro, idea con idea porque las tienen. Y les llamabas perdidos....
Sabréis, que muchos de vosotros, políticos; no sois nada necesarios. Las personas de bien, están hasta el gorro de vosotros, de las trampas que hacéis para cobrar asistencias al trabajo; de vuestras siestas en las cámaras casi siempre vacías. Ya me diréis como me podéis representar desde vuestro domicilio, de tanto y tanto palmero que hay en esa Cámara cuando el poderoso jefe hace acto de presencia y no quiero entrar en el Senado, que es, a pesar de su gran piscina, el peor invento para unos artríticos, unido a esos sueldos que os ponéis, cuando hartos de vino y de delicateses, no os aclaráis. Más de cuarenta años trabajados y le queda a un hombre poco más de quinientos euros. Se nota que no iba a vuestras fiestas.
Lo bueno de todo, lo que me hace echar humo por los oídos, es que no habéis ganado vuestro puesto, vuestro sillón mediante una disputada oposición. Han sido unos simples papeles que los buenos ciudadanos introducían en una urna, para que poco después, en las manos, una botella del mejor champagne francés, os hiciese rebotar y tocar el techo. Lo que me duele, son esos otros que os acompañan y a los que sólo conoce la madre que los parió y algún que otro familiar. Hasta sentados alrededor de una enorme mesa, el camarero tiene que explicar a alguno para que sirven los cubiertos y la servilleta. No es justo. Me parece una venganza.
Lo habéis hecho de carallo -como dicen los franceses-, podéis estar muy orgullosos. Lo bueno de todo ello es que mientras sigáis en este mundo, lo llevaréis grabado en el poco cerebros que la madre naturaleza os ha regalado. Y que os quede por siempre, la mayor payasada que se os ha ocurrido como punto y final, permitir que ETA, es decir Bildu, gobierne a toda una Comunidad con el terror porque la democracia hace tiempo que les ha quedado muy lejos. La policía a sus órdenes, las direcciones y teléfonos de los españoles así como sus estados bancarios también. Inútiles.
Y ya ves, político del tres al cuarto, que sólo hay "generación perdida" en tu pobre cabeza, en la de nadie más. Y así nos va la fiesta, pero sin el catering de los aviones para very important people.
Que te den, en lo poco que te queda. A partir de ahora, comeros los unos a los otros, verás que pronto dejas la silla que tanto te ata.
Cuando ya no estés, a ver que cuentos chinos vas diciendo por ahí adelante. Idiota.
jueves, 5 de mayo de 2011
LA PALMÓ, ¿ES TAN MALO QUE SUCEDA?.
Siempre ha sucedido, el pueblo alborotado pide la horca para un individuo que ha asesinado a unos cuantos y, desde el momento en que queda colgando con ese balanceo constante, ese mismo pueblo pide a continuación que lo santifiquen, que ha fallecido como un mártir.
Es que ahora, muchas voces, incluso europeas, piden que se vuelva a la vida a Bin Laden, que si estaba desarmado y por tanto no hubo proporcionalidad de medios ante gente armada, que por qué lo han tirado de un helicóptero al mar sin colocarle antes un salvavidas, otros se preguntan por qué no se le han hecho unas cuantas misas por si falla lo del paraíso de Alá, además de honores como jefe de estado, que al fin y al cabo los montes gobernaba.
Qué pronto nos hemos olvidado de los aviones que sin pedir permiso, sin dar tiempo a las personas a escapar de una muerte cierta, cobardes, repetitivos, asesinaron a más de tres mil personas inocentes. Sólo han pasado unos días y mucha gente lo ha dejado de recordar.
Cuando aparecía Bin Laden en la pantalla de cualquier televisión, su mirada me parecía la de una persona buena, su rostro también. No se que cara tendría al retirarse a sus aposentos para programar la siguiente "desfeita". Es que ya no se acuerdan de que tenía en vilo a todo el mundo, que con sólo nombrarlo, todos nos llevábamos las manos a los bolsillos para cercionarnos de que no nos habían robado la cartera.
Y hay gente europea que lo llora. A las personas, únicamente hay que cambiarles la noticia, par que cambien al momento el pensamiento, sin sopesar si es bueno o malo.
Esto ha sido una noticia. La siguiente, la lluvia que nos visitó en la Semana Santa pasada y que quedó apagada por la muerte de ese vengador que gentes, al que todavía, no lo consideran muerto. Es que fueron muchos periódicos, muchas las televisiones e incluso el gran jefe estadounidense, que lo han dicho; que no se puede mostrar su foto porque el rostro del nazareno a su lado es una maravilla de cutis, dicen que es como si le hubiesen dado golpes con la trompa, una manada de elefantes. Otros, manifiestan que no. Hay personas que dicen que es un timo como lo de la llegada a la luna. Otros pueblos, han disfrutado, han festejado que el fantasma haya desaparecido y para confirmarlo aún más, quemaban y quemaban fotocopias del pobre Bin, hoy en cualquier paraíso, si es que lo han acogido.
Unos le rezan por la zona de Pakistán, otros en las montañas le lloran, otros echan cuentas para hacerle el relevo, que burro muerto, cebada al rabo; pero Bin -como si nos conociésemos toda la vida- al lado de Alá, pasa de todo mientras saborea dátiles, miel, queso y unas cuantas mujeres le bailan lo de los siete velos. También queda avisado de que no puede comer la manzana del árbol del bien y del mal. Alá le comenta: - Has tenido suerte-, -¿por qué?- pregunta el recién llegado. Alá le responde: -Porque si en vez de darte el balazo en la frente, te da en la boca, ibas a comer leches- Bin, sonríe sumiso.
Decía que la otra noticia, había sido la Semana Santa. Es que no quiero olvidarme del sufrimiento de cientos o miles de procesionarios mirando al cielo continuamente en toda la Península, esperando y rezando para que la lluvia tan necesaria les diese un tiempo y dejara de caer, a fin de que los pasos caminasen por las calles para sufrimiento de los que llevan los icono y alegría de los y las cantaoras de saetas y del pueblo que en silencio escucha. Es una vez al año, apenas una semana y el agua que pudo hacerlo, no siguió de largo. Quedó quieta insistiendo día a día, saltando de una provincia a otra, enmudeciendo la saeta.
Hubo desesperación, juramentos por lo bajini que el Señor lo escucha todo y las procesiones tuvieron que regresar con el Cristo vistiendo un impermeable comprado apresuradamente en los chinos porque, es del todo lógico, porque es una obra fantástica que no hay que dejar estropear. Dicen que el chino no quiso cobrar el impermeable. Será que van entrando por la tira y Buda les queda muy lejos.
Los procesionarios partieron tristes para sus casas o al bar los varones a ocupar una mesa para echar alguna partida de cartas pero, sin gritar que durante esta Semana no se debe, lo malo es que Joseillo, el de siempre, cuando gana, se alborota todo con el consiguiente cabreo del tabernero. Promete callar y con una sonrisa, dejan que continúe aunque poco a poco, les vaya birlando la paga de la semana.
Pienso que el de arriba ha castigado a los moradores de estas tierras, por su regular o mal comportamiento, por tanto botellón, por tanto político que lo que menos le interesa es la política, por tanta gente que no pisa la iglesia ni en las bodas o defunciones y es que se quedan fuera, en el atrio, charlando. Pero aquí, no ha habido distinciones, han pagado justos por pecadores y nunca mejor dicho, beatas por bandoleros, obreros por empresarios, futbolistas por seguidoras, alcaldes por votaciones que todo vale.
Ahora toca olvidar y continuar con los métodos marcados de vida aunque de vez en cuando nos los saltemos.
Unos miran al cielo para dar gracias tras el fallecimiento del fanático y algunos creyentes, que piensan, mientras no metan el dedo en la herida de Bin, no se lo creen. Otros, trabajando en los tronos y preparándolo todo para el próximo año. Hay un grupo que respira tranquilo, que se han quitado un buen peso de encima, algunos de los que tenían que cargarlos y que se habían apuntando a llevarlos delante de la novia, por pura chulería.
En casa, no hay colgada alguna bandera americana, ni la quiero. Tampoco guardada en un cajón, vamos, que no hay bandera alguna, pero reconozco que esa gente sabe hacer bien las cosas, que se mete en la boca del lobo por tanto grito de una nación pidiendo venganza por lo acaecido en las Torres Gemelas, por los miles de muertos asesinados vilmente, ¿qué defensa tuvieron?. Se nos encogió el alma viendo aquellas imágenes. Qué pronto olvidamos. A partir de hoy, el pueblo norteamericano y muchos más, han curado una enorme herida, pasarán página, quizás dejen de llorar continuamente. Hay que saber pasar página, no como sucede en España en donde continuamente metemos el dedo en la herida, nos cabreamos por problemas que nos quedan muy lejanos y que nos los meten por las narices día a día, en los libros, cientos de libros sobre el mismo tema y no digamos las películas de la guerra civil que han y siguen poniendo en pantalla y es que se diga lo que se diga, todo valdrá, nadie dirá lo contrario; es que quedan muy pocos de aquella contienda que aún respiran. Ya aburre. Si los políticos se comportan como políticos, espero que nunca se vuelva a repetir aquella guerra entre hermanos que tanto nos ha marcado y en la que no tomé parte y por ello, me niego a tenerla continuamente en el cerebro, como tampoco portaré bandera alguna lanzando improperios a virtuales "enemigos", ni tan siquiera lo haré en un partido de futbol.
Bin Laden para bien de la sociedad ha muerto, viva su sucesor que lo tiene, un egipcio reconvertido a zátrapa, licenciado en medicina, al que desde pequeño le han gustado los montes y causar daño en nombre de Alá y Mahoma que es su profeta. Lo bueno de todo, es que tiene pavor a la hora de disparar un arma, por ello, seguramente que matará poca gente, algo es algo. Espero que no lo instruyan en el manejo de arma alguna y un día en que juegue con el kalashnikov, se le dispare, le de en toda la entrepierna y nos deje al resto vivir en paz unos cuantos años que es lo que queremos.
Y Dios creó el mundo y en él, puso un montón de borregos para estropearlo y la Tierra se enfadó, trepitó su corteza en diversas partes, y del cielo caía granizo del tamaño de una naranja, los volcanes por su boca escupían grandes pedruscos y lava, los ríos se desbordaban mientras en el parque cercano, gran cantidad de muchachos y niños, tomaban parte en un gran botellón, olvidados y olvidándose de este puñetero mundo.
Hay algo que me duele en demasía. Cuando en las calles pelean metralletas contra piedras que lanzan los niños, niños de muy cortos años, que a sus padres parece ser les importan un carajo, nadie les cobija, nadie les ampara, allí están en primera fila sin conocer las consecuencia de su posición y del daño que pueden causar las balas salidas de un arma que maneja un h.p. Su obligación, lanzar pequeñas piedras hacia donde se encuentran los soldados, piedras que caen a tres o cuatro metros de distancia, tan pequeños son.
Luego llantos de mujeres que seguramente no los conocían, pero queda muy bien para los fotógrafos, paseo de una cajita por los hombres, alabanzas al niño, alabanzas al muerto que jamás había jugado ni sabía lo que era. Siento, iba a decir odio, pero no. Siento algo fuerte y muy negativo hacia esas persona cobardes que lo permiten, es lo mismo que sucede en otros lugares de África en que el niño camina en primera fila porque si cae abatido, era únicamente un niño y su misión era esa, ser escudos para los mayores que vienen cobardemente detras, a la retaguardia que se dice.
La paz, pienso que no se consigue rezando. Creo que la fórmula consiste en ser responsable del lugar en que nos hallamos y respetarlo, pero siempre hubo y habrá vecinos a los que les va el jaleo y el no dejar dormir por las noches, tras estar todo el día echando la siesta. Que los hay.
Yo que sé, a lo mejor es muy difícil pero en Europa, hemos arreglado la vida y nos va bien. Al menos eso parece.
Estoy seguro que no muy lejos, algún cabrón, nos está señalando en su mapa.
Oremus.
viernes, 8 de abril de 2011
DE NUEVO EN ESTAS TIERRAS.
Al buque de pasaje "Ciudad de Burgos", le trepita todo el cuerpo por el avante y atrás de la máquina, cuando en estas horas tempranas, realiza la atracada al muelle de Palma. Muelle atestado de gentes que esperan ansiosas a los que llegan, que observan curiosas las maniobras y sobre todo, los amarradores que trabajan.
Hora y media antes, apoyado en la borda, observé y observaron los pasajeros madrugadores, como las primeras luces del día iluminaban con suavidad la ciudad, como si fuese un nacimiento. Primero la gran mole que es la catedral. Es como si miles de focos al tiempo comenzaran a dar luz a lo alto, bajase por los arbotantes, entrara a través de los enormes ventanales, volviendo a la vida a beatas y beatos a punto de quedarse dormidos sobre los bancos. Es ahora tan hermosa, entra tanta luz desde que el bueno de Gaudí hizo la modificación de quitar el retablo, que las gentes y estudiosos pueden ir de un lado a otro en medio de una gran claridad. Es raro encontrar en una catedral tanta luz, tanto es así, que a unos ventanales tras un altar, le han tenido que colocar cristales oscuros para evitar la entrada de tanta vida.
No sólo se ilumina la catedral; el Arenal, el paseo Marítimo, los Molinos, los grandes hoteles, el Terreno, Bellver, Porto Pi, quedan bajo el influjo del astro mientras los automóviles, autobuses, las personas apuradadas ellas, se dirigen a sus trabajos. No tenía ojos más que para aquello, que se me iba descubriendo a medida que el barco se acercaba al puerto. Aquella visión, se repitió algunas veces más durante unos años y ha quedado grabada dentro de mi, como han quedado otras sensaciones a medida que iba conociendo sin prisa la isla, las personas, sus costumbres que hice mías e incluso llegué hablar su lengua, única manera de entenderse con los payeses y que hace unos días, tuve tiempo de recordar, hablar, aunque el tiempo, sobre todo a los viejos, nos va secando esa parte del cerebro que en su día guardaba pequeños recuerdos de idiomas aprendidos a toda prisa.
Mallorca entró en mi, como entraron otras aldeas, pueblos, ciudades en las que permanecí algún tiempo. En todas encontré amigos, vivencias en mayor o menor medida y de todos los lugares guardo algo, suficiente o mucho, que también. Mallorca, quizás porque fue la novatada, entró en mi alma, como un torrente ocupa su cauce tras el deshielo.
En la isla grande, pasé con urgencia de niño a mayor; sucedió en un tiempo record. Tenía que hacerlo como medio de defensa, aunque no caminaba con navaja albaceteña bajo la faja, porque no habiendo faja, ni río alguno, ¿a donde llegaría la sangre?. Pero sí, quería vivir como los jóvenes isleños vivían, para ello tenía tenía que cambiar y sucedió, pero tuvieron que pasar unos meses de aprendizaje.
Fui tan feliz, me sucedieron tantas y tantas cosas, que hasta un cura, no se si en su sano juicio -Dios lo tenga en la gloria- me excomulgó en medio de una plaza -recuerdos de la Edad Media- realizando el paripé en latín entre grandes voces, su rostro. rojo como las cerezas en junio o julio. Me cogió desprevenido, que si no, in illo tempore, podría entender lo que decía y maldecía, pero no estaba para traducciones, loco como lo tenía. Para aquellos que han quedado pensando, prometo que no hice nada fuera de los normal, tomando como normal el día a dia, sin diferencia alguna, es decir, que en aquella ocasión, no me salí de las vías que me conducían por el buen camino. Cosa rara, pero fue de ese modo. Fue la cabezonería de un prepotente cura.
Y hace unos días, que he tenido la gran suerte de regresar, de vivir la isla tras veinte años de ausencia, de sentirla pero esta vez, sin la suerte de entrar en las primeras horas del día en su bahía. Todo cambia, todo se modifica. Si antes tomábamos el avión para permanecer unos días en la Barcelona, lugar fantástico de día y sobre todo por la noche, llegando con las horas del alba a la pensión Clavé 7. Nunca supe si la dueña tenía siete pensiones o era porque coincidía con el número de la casa en la calle que estaba borrado, lo que si recuerdo, es que todas las cabareteras de la ciudad, se alojaban en ese lugar lo que hacía imposible el descanso. Luego, un tren, el Shangai que en día y medio de tatatá, tatatá, tatatá, nos dejaba en el mismo Ferrol. Ahora prima el avión, como pastillas en caja nos alojan, encogidas las piernas porque en el suelo va una mochila, un libro en las manos al que no se presta atención, contando y esperando los minutos que faltan. Se van perdiendo cosas muy hermosas. ¿Habéis visto amanecer en la bahía de Palma?, ¿ o en Alcudia?, ¿la puesta de sol en Sóller desde santa Catalina?, ¿el Puig Mayor recibiendo los últimos besos del sol mientras se acuesta no muy lejos, al tiempo que sobre la mar va dejando una carretera de rojos, violetas y carmines en la que juegan las gaviotas al que te cojo?. De verdad que es algo magnífico, creible porque lo he visto muchas veces y vivido otras tantas. Y pasear entre los naranjos y almendros de Sóller, mientras le cuentas alguna que otra batalla en francés de noray porque es, salvo su idioma que no conozo, lo único que nos permite entendernos. Se que algunas veces las palabras no son necesarias, pero no nos metamos en camisas de once o doce varas. Que hoy, me da que no toca.
He regresado temeroso de que todo aquello hubiese cambiado, pero no. He recorrido la isla en todas direcciones. He vuelto a visitar en la catedral el baldaquino inacabado que Gaudí dejó para poblaciones futuras, porque las de ahora, no lo comprenden y mira que lo intentan. Tampoco comprenden un altar del iluminado Barceló con sus panes y peces de todo tipo y grietas en los paneles. Quizás sea un iluminado, puede ser, por eso hay que callar y esperar que transcurran unos cien años a ver entonces, que piensan las siguientes generaciónes de tales obras. Quien sabe. El arte tiene sus caprichos, los artistas también suelen ser caprichosos y si hablan de ellos, pueden llegar hacer la competencia al mismo Creador basándose, en que ellos también hacen lo mismo, hasta milagros en años pasados. Por mi parte ninguna objeción, esperaré esos cien años a ver que sucede y si las buenas almas aplauden el baldaquino y ese altar, no lo dudéis que me sumaré afirmando con la cabeza si es necesario o me lo piden. Dentro de cien años, acordaros. Ahora, sinceramente, para quien lo quiera. Me parecen chapuzas, desaciertos, vengan de donde vengan.
He vuelto a caminar entre cientos y cientos de naranjos, almendros, olivos, palmeras de todo tipo; he caminado entre gentes que con solo mirarlas y sonreír te sonríen agradecidas, saludan con la amabilidad de siempre, pero cuando me emocioné de verdad, cuando casi me desarmo fue al pisar Sóller, lugar en que viví unos cuantos años- a tope guay, que dicen-, pueblo hermoso de ¿pescadores? y atraques de yates millonarios, con sus casas de piedra color siena, que parecen de oro cuando el sol las visita casi todos los días del año. Nada más llegar, en soledad, inicié la subida a una cuesta suave entre casas, que desde siempre lleva a la ermita de santa Catalina. La desamortización y Marina se hace cargo para instalar en ese hermoso lugar una escuela, la más bella escuela que cualquiera puede desear. Allá en lo alto solos, libres, viviendo hasta casi conseguir volar cuando el tramontana sopla de veras.
Las puertas de la ermita están abiertas de par en par. Nadie me detiene, entro, camino por el patio. Todo sigue casi igual, no pierdo detalle y rápidamente, cruzo un hueco con arco de medio punto, que me lleva a los jardines y de allí, camino al acantilado al que ahora, han puesto una verja para que las gentes no se asomen. En otros tiempos carecía de ella, nos asomábamos medio cuerpo fuera, sobre aquella altura de unos cincuenta y pico de metros. Abajo el mar casi siempre calmo, azul de infinitos matices como si el fondo estuvisese lleno de esmeraldas y en donde las aves cazaban peces de todo tipo. Y el olor del jardín, intenso, como el de un árbol que teníamos en el jardín de la casa en Alcudia, que nos despertaba pausados, embriagados por aquel aroma penetrante que al poco se hacía pesado y lo rechazabas por tanto dulzor. Creo recordar que eran una especie de campanillas, que de niño, copiaba de láminas, una y otra vez hasta aprenderlas de memoria, en la clase de dibujo de primero o segundo.
Continúan altivas las chumberas algunas con fruto, los enormes pinos entre lo que crece la hierbabuena, la jara, el tomillo. Unos cuantos, los más decididos, bajábamos el enorme acantilado para bañarnos, luego había que subirlo casi en vertical. Se hacía casi a diario, los días que por culpa de los estudios, no podíamos salir a las playas o a las rocas junto el faro. No me olvidé de visitar una ventana por la que al llegar la noche saltábamos para seguir disfrutando de la libertad hasta casi la madrugada. Nadie nos visitaba, ni de día, ni de noche por no subir aquellas interminables doscientas y muchas escaleras que agotaban al más fuerte.
Estuve paseando todos los lugares, más de una hora; no es que el edificio sea grande, pero eran tantos y tantos recuerdos encadenados, que al menos, durante ese tiempo, fui inmensamente feliz. Antes de bajar hacia el puerto, eché una mirada a la gran puerta por la que saltando una vez de madrugada, caí sobre una chumbera, dando mucho trabajo nocturno a los enfermeros, en medio de un gran dolor y un triste recuerdo por mi parte.
No quise encontrarme con nadie, ni tan siquiera entré en el bar "El Pirata" que estaba abierto y me imaginé en el fondo a la Anita, perdida la mirada sobre una revista de moda, pintada y repintada echándole un pulso a los años que siempre ganan. Hice fotos, no me parecían suficientes e hice muchas más, casi casa por casa, recuerdo a recuerdo, sin olvidarme del tranvía, fantástico medio de transporte que en verano carecía de paredes, era todo abierto lo que permitía que la brisa lo inundase todo mientras corría alegre con su traqueteo hacia el pueblo, hacia el puerto, cruzando la inmensa huerta de Sóller.
Han ancheado la carretera que rodea esa concha que forma el mar. Han desaparecido las playas, no se como quedarán al final, supongo que estará previsto, ya que son muy necesarias. Los autos mandan. Y la construcción que han poblado los montes como enjambres de mariposas, pero el encanto sigue y seguirá.
He estado en muchos lugares, en otras islas, incluso de Baleares; pero Mallorca, o me cogió con el pie cambiado o la descubrí un día que tenía el cuerpo bailón -que se dice-. Incluso, caminaba con un gran cartelón de esos que anuncian las corridas de toros. Me lo habían hecho en Palma y allí estaba el Cordobés, Palomo Linares y mi nombre al final. Funcionaba a veces, pero no dejaba de ser un coñazo ir con el cartelón de un lado para otro. Tonterías de juventud que todavía no sentaba la cabeza. Si alguien lo sabe, me diga, ¿a qué edad hay que sentar la cabeza?. Es que me da que la sigo teniendo suelta. No importa.
Esta vez no me costó trabajo marchar, dejarte y es que iba empapado de ti, tanto, que hasta subí al castillo de Bellver porque nunca lo había hecho. Falta de tiempo, ¿sabes?. Lo hice a patas como dicen los ya antiguos. Marché poco antes de que ese hermoso pinar fuera cerrado al público y de ese modo quedar para sus verdaderos dueños, los hados y hadas que lo cuidan durante toda la noche. A veces, si te fijas, unas lucecitas muy pequeñas van y vienen. La gente suele confundirla con luciérnagas y no son tal, son los gnomos, hadas y demás que barren Bellver para dejarlo tan hermoso, como fantástica está toda la isla.
Mallorca, la isla de la calma, que como muchos lugares del mundo, también avisa mediante carteles, del cuidado que hay que tener con los cacos. En esto si que ha cambiado y mucho.
Sigue siendo bella por sus cuatro costados, el color turquesa de sus aguas, el olor que permanece constante en el ambiente, sin olvidar el tren de Sóller a Palma que ya ha cumplido cien años y sigue dando servicio.
Y que en Sóller, un pueblo de unos 8.000 habitantes en invierno, se puedan ver, recien entrada la primavera, dos exposiciones en salas de la estación del tren: la una de cerámicas de Picasso y la otra, grabados de Miró. ¿Quién da más?
Cuando hace muchos años, un tren me iba separando de Galicia camino de Palma, mi cuerpo no estaba intranquilo, tampoco pensaba en un ¿qué encontraré?, ¿cómo será?. Creo que la Santa Compaña fue a mi lado ayudándome para que no diese vuelta en una estación cualquiera. Si es así le doy las gracias, fue lo mejor que pude hacer y me pudo suceder en esta puñetera vida que nos ha tocado vivir y que no me quejo.
Encontré lo que esperaba, conseguí que los días durasen cuarenta y ocho horas. ¿Qué no?. Todo consiste en ir frenando segundo a segundo la vida que intenta seguir su curso. Se consigue y se detiene. Probar.
Los sueños, siempre han ganado a las realidades.
Sobre todo, los sueños en medio de mucha luz, de mucha vida y serenidad.
domingo, 13 de marzo de 2011
RECUERDOS QUE REGRESAN.
Para mucha gente, los mejores años de su juventud, los tuvieron que pasar luchando o sin luchar en cualquiera de las infinitas guerras que hubo, hay y seguirán habiendo en este mundo.
No me sucedió tal. Mis mejores años de juventud los pasé porque así lo decidí, en Mallorca, en una época en que esta hermosa isla comenzaba abrirse al mundo con fuerza pero sin llegar a la actual. Fui uno que quizás por aburrimiento y cansancio del lugar en que me encontraba, acudí a la llamada de la isla, algo que desde hacía algún tiempo, venía remachándome en la parte frontal del cerebro.
Al cabo de un tiempo, no se si con pena o alegría dejé Mallorca a los veinticuatro o veinticinco años; que más da; si con ello me llevaba sus perfumes, sus palabras, millones de recuerdos, noches fantásticas, veladas apoteósicas en medio del monte que recuerdo como si hubiesen sucedido ayer. También me llevé un brazo escayolado, llena su superficie con firmas, nombres, dibujos de las buenas personas que había conocido. No se me hace difícil adaptarme a las formas de vida de otras gentes, de otros pueblos y de ello participo; al poco los conozco y no muy tarde llega el cariño recíproco.
Es cierto que pude quedarme como dibujante con muy buen sueldo en una empresa de Palma, empeñados estaban; pero mis horizontes eran mucho más amplios. Es fácil de entenderlo, mis horizontes eran y son la inmensidad del mar que desde muy pequeño, viviendo en Muros, contemplaba a diario. El puerto me llevaba la vida y si es posible a esa edad tan temprana, el pensamiento. La mar, siempre me ha parecido fantástica y el olor, las luces cambiantes y su sabor a sal, me pueden.
Y ahora, dentro de unos días, regreso de nuevo al pueblo mallorquín que tan feliz me hizo y que sigo recordando. Sus playas, su costa rocosa bajo el faro llena de bañistas y cortada al lado de la montaña, como si un gigante le hubiese hecho un tajo con un alfange. En lo alto de uno de esos montes, desde el que se divisaba el contorno del pueblo de Sóller, vivía, vivíamos en lo que con anterioridad había sido un monasterio. Ignoro si el lugar tenía algo de santidad; al menos a mi no me afectó y hasta sirvió para que un cura, fuera de si, prepotente en sus ideas, sin unos segundos para escucharme, me excomulgara entre grandes gritos y mirada a lo alto. Favor que me hizo.
Por la falda del monte hacia el puerto, una bajada suave llena de casas ocres escalonadas, una carretera pedregosa que discurría por medio de gruesos pinos, techo seguro para las miles de cigarras que en el mas duro verano, no nos dejaban con sus cantos y sinfonías, echar la siesta. El otro lado del monte, como ya dije, un acantilado de más de cincuenta metros de altura y desde lo alto, sentados en un banco corrido de piedra, observábamos la fuerza de los temporales, los campeonatos de pesca submarina, el buceo de los cormoranes y sus persecuciones a los peces por la claridad de las aguas e incluso, a la vecina cercana que tras la ducha, se secaba con una toalla blanca, pegada a la ventana.
Sóller en invierno se convertía en un pueblo con un único cine, uno de esos tristes pueblos que cualquiera pueda recordar. Los hoteles cerraban pero las cafeterías, puntos de reunión permanecían abiertas para el turismo del norte de Europa. Solíamos cantar cuando se llenaba de extrajeros, Lolucho a la guitarra, y en aquella mesa del rincón, al poco, aparecía de todo y todo eran invitaciones de aquella gente que perdían las horas a nuestro lado. Quedaba abierta la tienda de la Madona, una señora muy mayor, muy simpática que junto con su hermana se alegraban de tenernos allí "recogidos" con un enorme bocadillo de anchoas con tomate, contándoles historias y sucesos que ellas aplaudían al tiempo que nos obligaban a comer "que estáis en la edad". La Madona, desinteresadamente me hacía recordar el francés que por falta de práctica se había marchado y que a la llegada del verano, tanto me ayudó a salir del paso. Era una buena mujer, muy agradable que de vez en cuando y sin que nadie se enterase me ponía una cajetilla de tabaco rubio en la mano. Hablábamos mucho, reíamos más. Allá donde se encuentre, la sigo queriendo.
Su sobrina Anita, muy guapa, solía estar también en medio del grupo pero, cuando inaguró un pequeño y lujoso bar llamado "El pirata", se separó de nosotros, nos cobraba igual que a los extranjeros, lo que ignoraba es que a continuación nos íbamos al patio del bar y de allí, le llevábamos unas cuantas coca-colas bajo la ropa, para que al final, el cobro fuese más equitativo. Las bebidas se regalaban, no importaban, era salir de la sensación de saber que nos había timado una mujer que considerábamos "amiga". Luego la olvidamos, no se en que terminaría todo aquello. Si ha conservado el libro de visitas que había a la entrada, unos cuantos dibujos que le dejé, le harán recordarse ahora mayor, de todos aquellos que la apreciábamos.
Si en invierno el pueblo era triste, tanto que nos obligaba a marchar todo el fin de semana para Palma, pero con la llegada del verano, era un hervidero de lo más variopinto, gentes de todas clases y condición porque había algo fantástico en el ambiente, que podías caminar como quisieras, incluso en calzoncillos por la calle que nadie dirá nada ni se te quedarán mirando. Era tiempo en que la señora Elisa se enfundaba la braga del bikini, encendía un enorme puro, su cuerpo negro quemado por el sol, se iba a caminar por las playas, los pechos al viento, casi le llegaban al ombligo, metro y poco de estatura y sobre sus hombros unos ochenta años. También carretera adelante camina Joaquín el enano; no caminaba como el resto, lo hacía calzando en los pies unas enormes aletas de hombre rana que alguien le regaló, que le obligaban a subir mucho las rodillas al tiempo que tenía que separar sus pequeñas piernas para dar cada paso. No entraba en el agua cálida, quizás le tenía temor, simplemente paseaba de ese modo, toda la concha que forma el Puerto de Sóller.
Un vendedor de lotería, nunca supe su nombre, que al recibir dinero en papel, se iba a la fuente, lo lavaba por el asunto de los microbios y sobre ella lo dejaba a secar. Un compañero me comentó, que jamás le había faltado una peseta. Es que había, supongo que seguirá igual, gente muy buena.
Sóller tiene una inmensa y magnífica huerta, muy famosa, en donde se dan todo tipo de vegetales y frutos. La huerta no está cerrada a los caminantes. Una carretera principal la cruza y otras secundarias la van dividiendo. Por ellas puedes transitar y nadie te dirá palabra alguna, si te ve coger un par de naranjas -a la anochecida llenábamos sacos-, manzanas, almendras o lo que fuese, jamás que yo sepa, llamaron la atención, todo lo contrario. En una ocasión, un compañero llegó cabreado y es que le preguntó a un señor si le dejaba coger unas frutas, el hombre le dijo que por supuesto ya que aquellas frutas eran para los cerdos... Palma no importa patata y debido a ello es muy cara. En Alcudia, recogiéndola, pagaban a ochocientas pesetas diarias. Era mucho dinero, por tanto, por el día a las patatas, por la noche fiesta seguida, no había quien nos levantase la voz, nos sentíamos millonarios y así estábamos hasta que el dinero se iba. Claro que fueron mis mejores años de juventud, bueno, los siguientes, tampoco fueron tan malos, fueron muy buenos; todo consiste en tomártelo con tranquilidad y fijarte mucho, como hacían los indios en las películas desde lo alto de la loma. No muy lejos, el 7º de caballería en fila. El de lo alto, siempre tenía ventaja.
Para mi, aquellas vivencias y lugar fueron fantásticos, me permitieron asomarme a la vida, descubrir mundos que antes no había conocido, estar en medio de gente abierta, sin prejuícios, practicar idiomas, chapurretear con la ayuda de un diccionario otros y aquel olor de la primavera que llevo dentro y a veces recuerdo, que subía del mar y se mezclaba con las flores, las chumberas, las madreselvas y los pinos. Cerca, aquella luz que hacía vibrar el color de las fachadas de las casas, que se mezclaba con el verde siempre presente entre ellas.
Y ahora, apenas una semana, espero subir al tren, quiero ir en el tren que tantas veces me traslado de Palma a Sóller con mis pensamientos, de Sóller al Puerto en tranvía y de allí al monte, a Santa Catalina mientras escuchaba las voces de los compañeros contántose lo que habían hecho por la tarde o discutir por cualquier chorrada, casi siempre el futbol era quien formaba parte de los enfados. Y en la radio, emisoras catalanas con música de sardanas, continuamente sardanas de la mañana a la noche.
La última vez que estuve..., ya han corrido unos veinte años. Vivía en Cartagena. El barco en que estaba se hizo a la mar y entre otros lugares tocó Palma. Nada más pisar tierra me fui a la estación y tomé de nuevo el tren de siempre y la dirección de aquel lugar que seguía igual, pero sin las risas de una juventud que día a día lo caminaba, cantaba, nos conocíamos todos y hasta el del quiosco al lado de la Base, nos fiaba los bocadillos y el tabaco sin tan siquiera anotarlo en un papel o una libreta. Nos quería el pueblo, los queríamos. ¡ Si éramos cuatro pelagatos !. En el mismo tranvía regresé triste, para tomar el tren de vuelta a la capital a encontrarme con mi gente y es que en Palma, si la conoces un poco, también hay buena diversión.
Era tiempo en que unos nos apoyábamos a otros. Hubo una persona que en el asunto de comer nos ayudo más que nadie, la madre de Lolucho Fajardo que cuando recibía el aviso de paquete, nos reunía a los amigos y allá nos íbamos a recoger el enorme cajón de comida que nos enviaba su madre Chelo, conocida vendedora de pescado en el mercado de Ferrol. Nos costaba un triunfo meter aquel enorme bulto en el tranvía, mucho más subir doscientas y pico escaleras con él que eran las que habían hasta lo alto del monte. Se abría el cajón y allí...dios, de todo. Cada cual echaba mano de lo que quería, mordiendo apurados, nadie hablaba y si alguien lo hacía la respiración se entrecortaba. La felicidad que nos dejaba la barriga llena por un tiempo, no muy largo. Hasta latas de callos...
Chelo, donde estés, te sigo recordando, no sólo por el hambre que has quitado a unos chavales que éramos, que todo el día estábamos comiendo por tanto ejercicio; sino que, cuando en Ferrol te lo contaba, me decías que te quedaba algo dentro pensando si habías enviado poco. Qué mujer.
Lugar en que me sucedieron miles de aventuras que no son para contar por falta de memoria. La primera de ellas al llegar y descubrir los algarrobos. La señora del carrito en la calle Real al lado de Taca nos la vendía y ahora yo, que tenía la algarroba a mi lado, colganda de unos árboles que había a cientos, que podía coger las que quisiera, me hacía feliz, me parecía estar en el Edén porque había de todo al alcance de todos con tal de que no se rompieran las ramas, no es que lo advirtiesen, pero sabíamos que tenía que ser así. Lo mismo me sucedió la primera vez que me llevaron a una aldea cercana a Tuy. Tenía a mi alcance todos los racimos de uvas del mundo y más, que podía coger lo que quisiera pero pasado un tiempo, dejaron de interesarme. Con la algarroba, al poco, sucedió igual.
Fueron unos años de lo mejor. Ahora bien, de vez en cuando llegaba aquel ramalazo de mi Galicia, de mi Ferrol que me ponía al pairo con esas ganas de llorar, con esa enorme tristeza en el alma que alguien bautizó con "morriña".
Cuando el tren asomaba veloz por Fene, al fondo Ferrol besando su Ría, cómo se enchían los pulmones, como se aceleraba el corazón mientras los nervios afloraban más que nunca. Y el tren, antes veloz, ahora que casi veíamos la casa, caminaba más despacio que nunca -eso era lo que parecía-. Al fondo la estación y siempre, gente esperando o paseando.
Se que Sóller está muy cambiado. En el lugar en que vivíamos han hecho un museo, muchos se han ido, otros serán irreconocibles en el primer momento pero hay algo que permanece, el monte que me cobijó en medio de su espeso pinar, en el que tantas noches me tumbé escuchando la música cálida que llegaba no muy lejana y el mar azul y transparente que tanto he mirado, sin olvidar a mi vecina que después de ducharse, salía a la ventada para secarse con una toalla blanca.
A todos mis buenos amigos y compañeros de la Escuela, que me entregaron su cariño, sus secretos, su alegría que fue mucha. Y como no a Chelo que está en los cielos..
domingo, 20 de febrero de 2011
TELÉFONO.
Me han regalado un teléfono para que me acompañe cuando camino por los montes, por lugares en que apenas pasa un alma, abandonados, y es que ni tan siquiera la Santa Compaña se atreve a transitar. Me lo han regalado para que no me encuentre tan solo, esas han sido las palabras. Todavía no conocen que mis mejores compañeros son una cámara de fotos y un iPod que en su pequeña barriga, guarda algo más de dos mil canciones que suenan a gloria. Es un mezcladillo de clásica, cantantes de todo tipo y lugar, música y demás, con el fin de que la cosa sea variada y cambiante, al tiempo que va ayudando a dar los pasos, que en eso consite el caminar.
Conocí que el dichoso teléfono también lleva un GPS que me puede ayudar, fue lo único que en verdad me interesó ya que es de última genración, no sólo aprovecha los satélites sino que también las antenas telefónicas con lo que se consigue mayor velocidad de marcación, hay una cámara de fotos de cinco megapixels, grabador de voz, calendario. Recibe y envía emails; también lleva conexión a internet a través de satélite que eso si lo cobran, pero no sale caro y mil cosas más que ahora no me salen, bueno, también hace videos, se pueden ver películas, radio FM, y no es coña, te puede indicar y te lleva a la farmacia más cercana, a un teatro o a donde le digas. La primera vez que lo metí en el bolsillo y sonó, me costó un gran trabajo escuchar a la persona que me llamaba, a pesar de que lo intenté una, dos, tres o cuatro veces, luego, siguió sonando pero ya no hice caso. Es que entonces y dudo de que ahora lo sepa, no me aclaro como hay que pasar el dedo por la pantalla para poder escuchar al otro comunicamente. Ciencia si, pero para mi, como que me queda muy allá. Tantas cosas hace, tantas; que entender, no las entiendo, no entiendo nada de nada, ahí es en donde me doy cuenta de que cada aparato para tal o cual edad, para los viejo, ni las cosas simples. Resulta que buscaba un botón para pulsar y no era de tal manera, no lleva botones, se toca en la pantalla en una redondel de color verde que hay de acompañar con un dedo hasta un lateral y entonces si se escucha. Ahora lo se hacer, pero que nadie me pregunte como hago cuando finaliza la conversación, para apagar el dichoso teléfono. Deduzco, que colgando la otra persona ya quedo sin línea y así es como hago. Es que no quiero preguntar porque me agobian con las explicaciones. Ni tampoco me cuenten por enésima vez lo que son el SMS y MSM, es que no me interesa, a duras penas trabajo con cuatro cosas en un ordenador y me llega. Cuando veáis en la tele a un grupo de viejales que por primera vez los colocan ante un ordenador, uno de ellos seguramente seré yo. Y me regalan para caminar el aparato más complicado que parió madre. Por si te ocurre algo, llamas al 112. Esas son las ideas que de momento me van incrustando en el coco. ¡ Qué poco se fían de los viejos!, desde hace un buen tiempo me clasificaron en el apartado de "no vale para nada" y ahí continúo esperando me pasen al apartado "es tonto, no hay nada que hacer". Un día de estos me cuelgan en el pecho un cartelón con el número de teléfono de casa, mi nombre y la dirección. Por si te pierdes..., me dirán.
Fácil lo tengo para llamar, pongo un dedo sobre uno de los nombres que lleva escritos en una pantalla y ¡oh! maravilla, al poco, escucho la otra voz a mi lado aunque se encuentre en el quinto infierno. Puede haber alguien que piense que es un invento de Satanás, no lo discuto el mío comienza por 666, no me pregunten los siguientes que no los sé, es que me llamó la atención la cifra del comienzo. Bien pudo comenzar con un 444 que parecen soldados desfilando o un 222, los patitos que van a la charca, pero no, conociéndome han colocado el fatídico 666 que bien poco me importa. Los únicos diablos que existen, son los poderosos enfrascados a diario en guerras, como ellos no van a matarse..., luego escapan con un montón de dinero. Con todo el mundo que me cruzo, camina llevando uno de estos cacharros en la mano y si no es ahí, en el bolso, dependiendo de lo fuerte que suene la llamada o del fino oído que tenga. Es una verdadera peste. Al finalizar la conversación, ya lo doy por hecho que la otra persona cuelga y al mismo tiempo me apaga el mío, favor que me hace otra cosa que no tengo que aprender. Ni se como se carga, por lo visto, no tengo que preocuparme, lo hacen por mi.
Si, es cierto, que cuando salgo a caminar lejos lo llevo, pero antes he puesto una claúsula, una condición, que no se me pregunte durante una conversación, en qué lugar me encuentro, es que no quiero que a estas alturas se me controle que hago y por donde ando. De momento lo consigo.
¿Qué sucederá con las cabinas ahora que todo el mundo lleva su propio teléfono?. No es que hiciesen mucha falta, es decir, cuando se necesitaba hablar, era muy raro que alguna funcionase y aún peor, muchas, se quedaban con las monedas mientras el teléfono permanecía colgando en un leve balanceo, como si lo hubieran ahorcado aunque a veces, daba la impresión que se partía de risa mientras intentabas a base de golpes, que aquella maldita caja escupiera las monedas. Ni de coña.
Siempre me gustaron las cabinas ingleses, las de Londres con su color rojizo llenas de pequeños cristales que semejaban una casa de muñecas, que harían la ilusión de cualquier niña o niño si se la regalasen con una chapa en la parte trasera que dijese: Made in England. Podían muy bien, hacerse casas de muñecas de tres o más pisos con todo el tiempo del mundo para ir amueblando, empapelando, insertando tuberías apena visibles dado que es una casa para muñecas. Hasta me gusta.
Durante bastante tiempo estuve trabajando, otras veces vagueando que de todo hubo en Madrid y de vez en cuando, llamaba a la familia que se había quedado en Ferrol. Entre que chupaban las monedas, entre que las conversaciones se alargaban, se me iba un dineral en las puñeteras cabinas. Han pasado mucho más de diez años y como algunas perrerías han prescrito y nada me pueden hacer, diré que un compañero, quizás apiadado, me regaló una moneda de cincuenta pesetas que tenía casi al borde un agujero. Atado a ese agujero una tanza como las de pescar, muy fina. Todo consistía en entrar en la cabina, introducir la moneda sujetando la tanza y una vez comenzaba la comunicación, poco a poco, con suavidad se iba tirando del sedal y de ese modo, la moneda volvía al propietario que si quería continuar la conversación, solamente tenía que introducir de nuevo la moneda para a continuación, volverla a sacar sacar a la luz o al farol si era de noche, tantas veces como uno necesitase. Para muchos funcionaba, para mi, nones.
Quizás los nervios por lo que estaba haciendo, quizás el temor a ser descubierto, lo cierto es que introducía la dichosa moneda pero cuando intentaba extraerla se resistía, tiraba, tiraba del sedal, me olvidaba de la conversación y al final escuchaba el clic,clac de la moneda que había caído al fondo de la caja y como un tonto, quedaba con un trozo de tanza en la mano. Pienso que tuve la culpa y es que fue la manera de que la Telefónica modificase los cajetines para que nadie pudiese hablar gratis, por el mucho dinero que "perdían" y la gran cantidad de cincuenta pesetas con una tanza que me quedaban en el interior. Al fin y alcabo, lo mío eran ganancias para la Compañía.
Había quien, con un mechero eléctrico, si, de esos de encender las cocinas de gas, hacía saltar el mecanismo al aplicárselo a la altura de una cerradura que llevaba, nunca presencié tal. Definitivamente lo mejor, fue hacerme amigo, muy amigo de las telefonistas de mi trabajo que, además de darme charla, me permitían hablar sin límite de tiempo. Gracias Ana por donde camines.
No se que sucederá pronto con las cabinas, si al menos funcionasen cuando hay una urgencia, pero nadie dice nada, ni tan siquiera Mercero y José Luís López Vázquez que tanto sabían de ello. ¿Lo recuerdas?, José Luís entra en una cabina, al poco una grúa comienza a elevarla, él quiere salir mientras la grúa la lleva al camión, golpea la puerta, intenta romper el cristal, quiere salir, se ahoga. Los obreros lo ignoraban. El camión emprende el viaje por toda la ciudad y al final la deposita en un descampado en donde hay más cabinas. Terrible.
A partir de ahí, comencé a fijarme que las personas que hablaban en el interior de una cabina, cualquier cabina, con un pie, mantenían una hoja abierta y algunos, incluso, hablaban desde el exterior. Duró al menos, hasta la siguiente generación que o no se lo contaron o tenían otra conciencia de la vida y sus sucesos.
Había otras que habían sido desvalijadas, muchas cabinas se encontraban de esa manera y los empleados tardaban mucho tiempo y más en arreglar. Por lo regular tenían línea y era fácil comunicarte sin soltar pasta. Cuando quedaban arregladas, siempre había alguien que avisaba,: -en la Plaza de Castilla, esquina Bravo Murillo al lado del metro, la cabina es gratis- y allá nos íbamos entre risas y cuentos que era una buena manera de caminar. Además quedaba cerca.
En una ocasión, la recuerdo como si hubiese ocurrido ayer, tenía urgencia por llamar a Ferrol y decir que me iba para Cádiz una buena temporada pues tenía que hacer unos cursos. Un hombre hablaba en una cabina que carecía de puerta. Lo hacía en un idioma para mi del todo desconocido por tanto, pensé, si está hablando con el extranjero, no creo que tarde mucho en colgar. Colgó a los tres cuartos de hora en que salió sonriéndome. También le sonreí de mala gana y mientras me acercaba al teléfono iba pensando en la cantidad de dinero que se había gastado la buena persona.
Introduje veinticinco pesetas, marqué, comencé hablar y al momento escuché una moneda de caída en el lugar de la caja de recogida de monedas. La volví a coger y cada vez que la echaba a la máquina, volvía a recogerla porque algún mal nacido al que le quedé agradecido, había robado la caja con el dinero. Cuando un día se presenta por la mañana redondo, al anochecer también sale redondo y ese día salió por la noche en que entré aburrido en el bingo de la Casa de Galicia, allí sentado en la soledad de una mesa, al poco tiempo canté un bingo sin alterarme, como si no le diera importancia, como si fuese costumbre, mientras el corazón me latía a mil por hora. Lo cobré, salí a la calle y camine desde el centro, por toda la Castellana arriba hasta las cercanías de Chamartín, pensando en la suerte que alguien tendría si me atracaba porque al fin y al cabo el dinero que llevaba encima, no me lo había ganado con el sudor de la frente. Nadie lo hizo y era media noche, camino de la madrugada.
Estoy seguro de que las cabinas dejarán su lugar quizás para un florero o un pequeño quiosco. Siempre las recordaré como lo que son, unos confesionarios abiertos al público, habrán escuchado declaraciones de amor de todo tipo, roturas o líos de amantes, alegrías, reflexiones, tristezas las más y negocios a montones, incluso los fraudulentos. Las otras cabinas, las de las iglesias, las que de pequeño me dejaban el alma descompuesta por un mísero pecado, de esas nunca quiero hablar ni hablaré. Me han hecho mucho daño, no quiero pensar en aquellos rostros y brazos que me abrazaban con todo cariño en principio, poco después, cambiando el rostro a otro de mala h., mala uva, me castigaban con toda crueldad.
Se que los Municipales llevan colgado en vez de un teléfono, un "mancontro". ¡Atención gato pardo!, dime donde te encuentras, cambio. la respuesta siempre era : - Mancontro en la calle María esquina de Cándido Rico-. "Recibido, gato pardo, corto y fin". Es fácil la comunicación de ese modo porque durante algunos años charlaba con otras gentes. Hoy mis equipos en un cuarto duermen, llevan ya un buen tiempo durmiento no se si por aburrimiento o porque no tengo ganas de charlas con gentes desconocidas. A ver si un día cojo fuerzas y les paso un trapo para quitarles el polvo; a ver. Qué vago me estoy volviendo. Con echar las culpas a la edad, echar la culpa a la reúma de los dos brazos y un costado estaría bien, pero no, lo haré yo, en cuanto termine.
Mañana, con tranquilidad, comenzaré a leer el Manual de instrucciones del teléfono que me han regalado, lo mismo diré al siguiente día y al otro y al otro y al otro. Es que es un tocho.
Si, pero el GPS, lo bordo.
Las fotos son de Ortigueira,
miércoles, 16 de febrero de 2011
SEÑORA O SEÑORITA SINDE.
Ayer, la señora o señorita Sinde, apenas pudo pegar ojo puesto que en su cerebro, todavía sonaban los aplausos de casi todo el Congreso, dando luz verde a la llamada Ley Sinde.
Y yo también la aplaudo, pero para quedar bien, nada más que por eso, para que usted no le diga a uno de sus sicarios que me vigile cuando bajo una canción, un tema seguramente americano, que necesito para poner música a una presentación en power point. Es que a mi, señora o señorita no me regalan los discos como a las emisoras de radio, a los amigos, a las televisiones o incluso, me arriesgo, a usted.
De un disco, lo más que se aprovechan son dos o tres temas, hay que comprarlo entero, y es que los otros temas, son el mismo rollo que el que escribe, colocaba en los exámenes cuando la pregunta no me sonaba y si me sonaba, la había pasado por alto en esas horas en que uno, malditas las ganas que tiene de leer.
No se si la SGAE, le aplaude o también los tiene cabreados porque espero, detrás vaya eso del "canon" que me quita dinero sin conocer las causas, que lo hacen sin decir los motivos; al menos, hace años, los salteadores de caminos decían que eran para los pobres. Ellos, viviendo en un palacio, ¡qué prepotencia!, se siguen escojonando de risa mientras a media luz, cuentan sin descanso billetes y monedas. Si no se podrá "piratear" para qué meterles un clavo a los CD,s y DVD,s, también a los equipos, a todo. Qué manera de vivir en la riqueza sin dar golpe. Y usted lo sabe y lo conoce, señora o señorita Sinde, tenga valor y penetre en esa cueva para enterarse de verdad, a lo que se dedican.
La última película española que vi en una sala de cine, de la que no recuerdo el título ni me importa y es que no merece la pena. Trataba de una mujer no muy agraciada que aprovechando el sueño de su marido, marcha de casa. Se pasa toda la noche de un lado para otro con una pequeña maleta. Se hace amiga de un extranjero que quería marchar de mañana para su país. De madrugada regresa a su casa mientras su marido, taxista aburrido, sigue en la cama. Saco en conclusión, mejor, que los taxistas saquen en conclusión, que al llegar la noche duerman con un ojo abierto y el otro como quieran si es que no quieren dormir solos.
La película, mala de solemnidad, al director, al productor les ha salido redonda. Han gastado cuatro perras de la subvención millonaria que el Ministerio de Cultura, leer de nuevo, de Cultura les ha dado graciosamente, como antes daban tierras los reyes a los condes de vida alegre.
Se queja el propietario de la editorial Planeta, alegando que se piratean los libros. No hace mucho he comprado un libro digital y con él, venía una tarjeta con unos mil libros descatalogados que a mi me valen y me entretienen. Si usted quiere piratearlos, escriba "Libros" y le saldrán esos que me regalaron. Hay de todo tipo y aunque antiguos, aquella gente escribía como los ángeles cuando se ponen a ello. Además, no dicen continuamente que en este país no se lee, qué más le da. Sucederá como sucede al nuevo millonario que compra cuadros abstractos, por el que dirán. No son pirateados, al menos a mi, me los han regalado supongo que bajo un precio oculto.
Hay un refrán, señor a o señorita Sinde, que viene a decir "que todo lo que vuela a la cazuela", pero ojo, no tienen cabida los cuervos, las águilas, las urracas, etc por la dureza de sus carnes. Quiero decir que cuando abro el ordenador, el mío, me conecto a Internet y ante mi alguien me dice que puedo ver tal o cual película que está en cartel y por tanto me interesa aunque luego vaya a ver al cine, prometo que lo hago, ¿no voy abrirla?, ¿la dejaré pensando que puedo cometer un pecado en contra de las buenas normas que ahora el Estado pretende llevar a cabo?. Lo hago porque estoy en mi casa y me amparan unos derechos, entre ellos el de privacidad y ahora el de expresión. Se les llenaba la boca cuando veían en los escaparates libros, antes prohibidos y a los que accedimos muchos siendo casi unos niños y ahora, nos quieren colocar un pié encima sin que apenas se note para que callemos, sumisos. No cuenten conmigo.
Y es que los principales colectivos de internautas, han mostrado su total rechazo a la enmienda pues consideran que esta Ley es ineficaz. Abogan por el diálogo para "que de una manera se pueda comenzar a construir", pidiendo como es del todo lógico la dimisión de la señora o señorita Ángeles González Sinde.
Voy a decir al cerebro que piense, es que puedo hacerlo, otra cosa es que obedezca. Vamos a ver. Dicen que se cerrarán todas las Webs que emitan todo género de información que pertenezca a un autor que la sacó a la luz y por tanto, sancionará a quienes lo hagan. Ya me dirá como. Cree usted, ustedes vosotros, que las Web de descargas ilegales se encuentran en el interior de uno de los chiringuitos del Retiro, por decir algo. Estos alojadores de Webs suelen estar en el quinto pino, es decir, fuera de España, con lo que la Ley, señora o señorita, a todas luces será ineficaz y lo que conseguirá es que las empresas de hosting (alojamiento de Web) españolas, pierdan negocio que se irá, como es del todo lógico, para las compañías del exterior.
Con la aprobación de la Ley, señora o señorita Sinde, nos enfrentaremos al mismo problema que hubo hace unos diez años con la Ley de la Firma Electrónica y que no es otra, que se tendrá que cambiar, al poco tiempo de entrar en vigor y es que seguramente, la Unión Europea aprobará una directiva que implique la "reforma" de su Ley. Cuánto les gusta perder el tiempo a cambio de unos pocos aplausos.
Hay algo muy importante en esta Ley y es que su ineficacia, "modificará" totalmente el procedimiento. Tendrá agujeros por infinitos lugares. Hay otra que también los tiene a montones pero estan orgullosos de ella, la de Tráfico. Así se anuncian un buen número de gestores, diciendo que " le quitamos las sanciones de tráfico, todas".
El hecho de que haya mantenido la Comisión de Propiedad Intelectual, a mi pobre juicio, es otro disparate, pues es una Comisión de todo tipo y color, heterogénea, nombrada a dedo por el Gobierno. Santiago Urete, que representa a la asociación de músicos en Internet, ha asegurado que hay en la Red, muchos músicos autónomos que lo usan para difundir su trabajo y hacen negocio gracias a los conciertos. Con esta Ley se podrían llegar a impedir que promocionen su música y estima, que la legislación actual es suficiente. Recordemos la reciente dimisión de Alex de la Iglesia que sí se reunió con los internautas para encontrar soluciones.
Señora o señorita Sinde, legislar a lo tonto, a lo primero que sale, porque a uno le apoya el poder del Estado, no es bueno, nada bueno. Las leyes de ese tipo han llevado a algunos estados a una especie de dictadura encubierta, pero dictadura al final y no venga con cuentos de que los precios bajarán y serán competitivos. Ni usted se lo cree.
Mi conciencia me dice que el autor de una obra es su propietario y a él pertenece. Lo que no se puede es pensar es que toda obra es buena y que el Estado la proteja para que el país sea culto, cuando las obras, sean del color que sean están a la venta a precios prohibitivos para unos cuantos millones de españoles, no culpables de estar en la situación de paro.
Algunos, todavía traducimos los euros a pesetas y más de tres mil de estas últimas como coste de un libro, una película, un poco menos un disco normal, me hace pensar que es algo excesivo cuando si la obra es buena se emiten unas cuantas ediciones. Escribir un libro, el amigo lo publique y a continuación a vivir el resto de su vida. No me parece justo. Lo mismo sucede con una película para colmo hecha con el dinero del Estado. Las ganancias para el productor, ignoro si se devuelve a los españoles el dinero que dio ese Estado. De no ser así, todo son ganancias sea buena, mala o regular la película.
Y con los discos, lo que decía al principio, dos canciones que interesan y lo tienes que pagar todo. Creo que se entiende. Aseguro que en tiempo de los cassettes, se copiaba tanto o más que hoy y todo funcionaba. Ahora bien, si queremos que funcione Ramoncín y otros como él, eso ya son palabras mayores, es del todo imposible. ¿Qué no?. Escúchelo.
Señora Ministra de Cultura, tengo una cámara doméstica HD, es por eso que solicito de Vd., se me conceda una subvención acorde con la próxima película a realizar y de la que de momento, ignoro su contenido, que actores participarán en ella, mejor los tomo de mis amigos que no cobran tanto, con un bocadillo y un vaso de vino se conforman. Prometo que una vez finalizada -ignoro el resultado-, se repartirá totalmente gratuita en los hospitales, asilos y comercio del ramo.
Su dinero me lo quedo para vivir unos cuantos años a cuerpo de rey y es que aquí se dan los dos extremos, los que viven como dios, sin dar golpe y los que malviven por falta de trabajo y subvenciones del Estado.
Que le aprovecha la Ley, señora o señorita Sinde y por favor, no se ponga más ese traje absurdo que llevó a los Goya.
A mi no me gustó y en trapitos de mujer, entiendo un rato.
NOTA: Un viernes, 1º de julio- qué recuerdos- del año 2011; nueve componentes de la SGAE, son detenidos: Desvío de moneda y apropiación indebida de fondos. Cada día que pasa, los queremos más y más.
NOTA: Un viernes, 1º de julio- qué recuerdos- del año 2011; nueve componentes de la SGAE, son detenidos: Desvío de moneda y apropiación indebida de fondos. Cada día que pasa, los queremos más y más.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
























